VIGOR Todo en Domingo, El Nacional, 1/12/2002 Esta gente sí tiene bríos. El mismo día que Juan Carlos Palenzuela presentaba su libro Escultura en Venezuela 1960-2002 (Citybank) en la GAN, Juan Carlos Santaella bautizaba el suyo. Pie de atleta (Cómala) en la librería Macondo, Manuel Caballero hacía lo propio con su último libro, Revolución, reacción, falsificación (Alfadil) en la librería Alejandría de Las Mercedes y Antonio Pasquali suspendía sabiamente el bautizo de Del futuro. Hechos, reflexiones, estrategias (Monte Ávila) en el platillo protocolar del Teresa Carreño. El lector puede no creerlo, pero la verdad es que esta ceremonia de presentación de libros en las librerías y museos de la ciudad es una actividad constante en estos tiempos. Una actividad que este año no tuvo descanso y que ha dejado profundas marcas en quienes se han estregado a esas fiestas y a estas lecturas. Hay que ver lo que son ese par de ensayos que nos trajeron este año Maria Fernanda Palacios y Rafael Arraiz. Uno es Ifigenia: Mitología de la doncella criolla (ediciones Angria), seguramente uno de los trabajos sobre literatura venezolana más serios jamás acometidos en el país. No es simplemente un estudio del personaje literario de Teresa de la Parra lo que emprende aquí Maria Fernanda Palacios, es más bien una reflexión sobre la mujer venezolana, su casa, su alma y los grandes mitos que la dominan. Un estudio realizado con los instrumentos de la psicología profunda, el simbolismo, la mitología y las enseñanzas del credo jungniano, largamente cultivado por la autora en compañía de los sabios López Pedraza y López Sanz. Un libro imprescindible, extraordinario e inolvidable. Como si no le bastara, en estos días entregó al público una traducción de poemas de Ana Ajmatova, editados por la Dirección de Cultura de la Universidad Metropolitana. Simultáneamente, Arraiz nos lega una primera historia de la poesía venezolana con El coro de las voces solitarias (Editorial Sentido), un texto de musculatura académica que emprende un viaje por la poesía de la región desde los precarios tiempos del descubrimiento, la Conquista y la Colonia, los textos de Oviedo y Baños, hasta las inquietantes preguntas de los jóvenes de los años 90 del siglo XX. Es un trabajo de taxonomía, de clasificación y comprensión de los diversos movimientos y formas de expresión que acogieron en sus momentos los vates locales. También imprescindible para los estudiosos. NARRATIVA Y POLÍTICA. En el Platillo del Teresa Carreño, Guillermo García Ponce presentó su versión del Golpe del 11 de abril, apadrinado por Luis Alberto Crespo. Libro que como el del IESA, 11 de Abril, o los de Néstor Frauda, Abril rojo: el rescate de Chávez o Puente Llaguno, hablan las víctimas, los de Manuel Caballero, Teodoro Petkoff o Marta Harnecker, son apenas expresiones de la caudalosa presencia de ensayos de actualidad política que se han generado en estos tiempos. Todavía no se había despejado del espíritu de los lectores las sabrosas sensaciones narrativas de jadas por También el corazón es un descuido de Alberto Barrera, El mono aullador de los manglares de Ibsen Martínez y La favorita del señoras Ana Teresa Torres, cuando los lectores de novelas fuimos asaltados por tres portentosos y conmovedores echadores de cuentos. Sin duda el más joven, Lucas García, se la comió con Rocanrol: un fresco rápido de la vida caraqueña desde las vivencias de un travieso diyei; nuestro incipiente Bret Bastón Bilis. Pero seguidamente vino Israel Centeno con un supernovelón llamado El complot (Alfadil) y dejó a todo el mundo patidifuso con la destreza narrativa y la actualidad de su propuesta. Colocó a la literatura de urgencia en un sitio privilegiado de calidad y conocimiento. El postre lo puso Oscar Marcano con una serie de veintitrés conmovedores cuentos cortos bajo, el título general de Sólo quiero que amanezca (Seix Barral). Un libro moderno, vigoroso, de personajes y temas inquietantes y oscuros que colocan a nuestra literatura en el sitio alto de los duros universales de hoy. Basta al nivel de los grandes como Pedro Juan Gutiérrez, Walter Mosley o Clive Siclair, maestros de la escatología y las almas simples. BANQUETES DE POSTÍN. Imprescindibles resultaron al final los dos libros de Elías Pino Iturrieta, publicados por la Fundación Bigott: La mirada del otro y País Archipiélago, con fechas de 2001 pero que circularon este año. Un banquete resultaron los libros patrocinados por Alejandro Gómez Sígala y Herman Sifonte: 50 imprescindibles de Jesús Sanoja Hernández, y especialmente Ensayos y estudios de Juan David García Bacca. Perfectos, sin otro adjetivo. Pero volviendo al principio, Juan Carlos Palenzuela coronó el año con su historia de la escultura donde reivindica los últimos 40 años, tan denostados en la política y tan vigorosos en el arte. Enjundioso, cuidadoso y documentado, incluye a Mario Abreu entre los escultores y nos cuenta una historia que para los pelos, por la emoción y la sapiencia. A
pesar de la televisión y de los acongojados, a juzgar por nuestros
libros, este es un país de vigor irreductible. •
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