CONTRA EL ABURRIMIENTO Todo en Domingo, El Nacional, 24/11/2002 Las cosas que se repiten y se repiten terminan por ser aburridas. No se necesita ser un gran filósofo para saber eso. Sin embargo, a uno de ellos, a Juan David García Bacca, le vino al pelo este sencillo axioma para revelarnos algunas cosas adicionales sobre ese indisoluble matrimonio entre repetición y aburrimiento. Y es que este vasco-venezolano (1901-1992) cuyo nombre, y mucho menos su imagen, jamás existió como miles de otros ciudadanos ilustres- para las pantallas locales de televisión, conocía a profundidad "El secreto de aburrir", tal como se desprende de uno de sus sabios artículos publicado en El Nacional de 1968, y que venía precedido de un epígrafe de Voltaire: "El secreto de aburrir consiste en decirlo todo". PALABRAS ALUSIVAS. Siguiendo a Aristóteles, nuestro filósofo nos invita en su artículo a distinguir dos tipos de palabras: las que son alusivas y las que son declarativas. Las alusivas se contentan con ser palabras discretas, que sugieren, indican, aluden, apuntan o hacen signos. Sus poderes, según García Bacca, integran el peculio de la poesía, la mística, la literatura..., "dominios en que exigir despiadadamente e irremisiblemente verdad y falsedad son y suenan a indiscreción y mal gusto". Son palabras que no lo dicen todo. No poseen el secreto de aburrir porque sencillamente no se repiten, no son axiomáticas ni dogmatiqueras. García Bacca cita a San Juan de La Cruz para reforzar su postura. Recuerda que el santo místico, rehuyendo el posible aburrimiento de la palabra (volúmenes y volúmenes) por la que fluye la teología, solía decir que en ellas y en sus proposiciones "queda balbuceando un no sé qué". Ese no sé qué, que no lo dice todo, "la libra de aburrida y de aburrirnos". PALABRAS DECLARATIVAS. Las palabras explicativas en cambio se empeñan en declarar. Son ideales para remachar la lógica de la verdad y la falsedad. Sin embargo, ella, la palabra declarativa, no es siempre necesariamente aburrida. No lo es -dice García Bacca- cuando en la ciencia, en su estado perfecto, contribuye, por ejemplo, a demostrar un axioma en particular dentro de un conjunto alusivo. Demostrar un teorema es tarea propuesta a la inventiva, a las ocurrencias más o menos geniales, a hallazgos de trucos más o menos espectaculares, siempre imprevisibles. Por eso no es aburrido hallar la demostración de lo aún no demostrado. El aburrimiento acecha inminente -sin embargo- cuando repetimos una demostración, que es lo aclarado ya, lo dicho y redicho ya, lo explicitado y desentrañado. Aburre el maestro que repite al alumno una demostración que sabe de memoria, cuando ya el teorema no tiene secretos para la clase. La verdad, más verdad, está expuesta a ser aburrida, si cae en la indiscreción de ostentarse íntegra, perfecta y totalmente. Aburre su repetición, "el estado de perfecta aclaración, de total explicitación, de íntegro desentrañamiento". EL ABURRIMIENTO CRECIENTE. Las ideas de este viejo e imprescindible maestro del pensar transpiran una actualidad pavorosa en la Venezuela de hoy, en momentos en los que reina una total falta de urbanidad, cuando se exhibe la propia verdad como dogma absoluto y total. Pero, muy especialmente, por la continuada reiteración, por la repetición de declaraciones y argumentos agotadores, aburridos, que ya no dejan nada a la imaginación, ni a la azotada voluntad de las audiencias. García Bacca viene a nuestro auxilio en estos días de mano de dos instituciones: Central Banco Universal y Econoinvest Casa de Bolsa, patrocinantes de la Fundación para la Cultura Urbana. El sexto volumen de su magnífica colección de libros trae unos 50 ensayos y estudios de nuestro sabio más importante, compilados y seleccionados por Cristina García Palacios y José Rafael Revenga.
Cada uno de estos ensayos, sabiamente escritos y, ahora, seleccionados,
ilumina con extraordinaria propiedad los asuntos más exigentes
de nuestra vida de hoy. • |