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GARCÍA BACCA: EL HOMBRE COMO TAREA Y TEMA DE INFINITO Roberto Aretxaga |
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1.
INTRODUCCION Lo que sigue
a continuación quiere ser una invitación y un aperitivo. Invitación
a filosofar en compañía de Juan David García Bacca; aperitivo a un
menú filosófico fuerte que pondrá a prueba nuestra capacidad de digestión
filosófica. El filosofar de García Bacca tiene por norma poner aprueba,
no de probar, aquello que solemos dar por sentado con demasiada frecuencia
y facilidad, de ahí que la suya no sea una filosofía cómoda para el
lector, quien a menudo se siente golpeado por ella en sus convicciones
más profundas. Tampoco es
sencilla, pues a la cantidad y variedad de temas que la componen se
suman la profundidad en su tratamiento y la explosiva combinación
de rigor formal (no en vano García Bacca fue el introductor en España
de la lógica matemática) y espíritu dialéctico que lo guían. La escasez
en nuestro país de especialistas en el pensamiento y la obra de García
Bacca, así como las dificultades en el acceso a la mayoría de sus
escritos, justifican el objetivo básico del trabajo que ahora presentamos:
ser un acercamiento y una ayuda en la comprensión de la filosofía
del ilustre pensador pamplonés. Para ello, hemos decidido comenzar
presentando el meollo del pensamiento garciabacquiano, la fuente en
la que bebe todo él y de la que toma su sabor y fuerza auténticamente
filosóficos: la relación finito-infinito. Relación que en nuestro
autor adquiere forma de tríada: finito-transfinito-infinito, donde
el transfinito funge de mediador dialéctico que posibilita el tránsito
entre los dos extremos. Además de analizar esta relación, dejaremos
esbozado, siquiera a grandes rasgos, pues no es posible más en este
momento, la ruta que toma esta conflictiva relación en el pensamiento
de García Bacca y la dirección hacia la que apunta su resolución. Por todo ello,
queremos dedicar este trabajo de forma especial a los estudiantes
de las Facultades Universitarias de Filosofía, y en particular de
la Universidad de Deusto de Bilbao, entre cuyos alumnos ya es patente
el interés suscitado por la figura y el pensamiento del filósofo navarro
del exilio republicano, como fruto de la labor docente e investigadora
del Doctor Carlos Beorlegui. Interés que ha recibido un espaldarazo
decisivo con la organización por parte de la Facultad de Filosofía
de la mencionada Universidad del Congreso Internacional "Centenario
del nacimiento de J. D. García Bacca", que tuvo lugar el pasado
mes de octubre. 2. LO FINITO. En el pensamiento de
García Bacca, el término "finito" remite necesariamente
al de "límite": "En una hoja de papel de blanco -dice
García Bacca- trazo una circunferencia. La circunferencia, con su
perfil cerrado delimita y corta el plano en dos partes: una interior,
que lleva el nombre de círculo, y otra exterior (...) Lo que, en rigor,
hace de límite son ciertos puntos del mismo plano de papel blanco;
los "mismos", desde el punto de vista óntico, que antes
de comenzar a ejercer las funciones de límites, de separadores del
plano en dos regiones. Y el que ciertos puntos o partes del plano
de papel blanco hagan de límites no es un nuevo ser, ni una propiedad
óntica de ninguna clase; límite o hacer de límite no es ni sustancia
ni cantidad, ni cualidad, ni acción... La sustancia, cantidad, cualidad,
acción, relación pueden ser finitas o finitadas, admitir delimitaciones;
por eso, el límite en cuanto límite no pertenece a ningún tipo de
ser ni es ninguna propiedad óntica de ningún ser. Más aún: límite
no es relación, en cuanto relación es un tipo o categoría de ser (...)
El límite o la función delimitadora introducida por una cosa o propiedad
no es relación, como no es ninguna otra clase de ser o propiedad óntica.
Y vale la inversa: que la relación y, en general, ningún tipo de ser
o propiedad de ser pueden hacer, en cuanto tales, de límite. Nada
es "esencialmente límite", como puede ser esencialmente
Dios, creatura, cantidad...".[1] Hablar,
pues, de límites esenciales es una contradicción: "la unicidad
de cada tipo de esencia destruiría la referencia plural incluida en
todo límite", ya que "desde el momento en que un límite
pertenece a la esencia de una cosa, como cada esencia en cuanto esencia
es algo original y único, el límite deja de ser límite".
[2]
Hay
que concluir, entonces, que no existen los límites o, si los hay,
que no son esenciales ni, por tanto, insuperables. "Límite"
no es ser, sino "función delimitadora introducida por una cosa
o propiedad"". En consecuencia,
lo "finito" es lo finitado, lo limitado. Decir que algo
es finito equivale a afirmar que tal realidad está afectada
por otra que funciona como límite, pero nada esencial a la finitada
ni a la finitante. Por tanto, sería más correcto decir de una realidad
que está finitada. 3. LO TRANSFINITO. "El tropezar
con un límite -dice García Bacca- se hace en virtud de una transfinitud";
"Sólo lo transfinito y no lo infinito hace posible y da sentido
de límite a una cosa; y no al revés".[3] Por tanto, si
lo que hace posible un límite, la "función delimitadora"
de una realidad, es lo transfinito, y el límite hace posible, a su
vez, lo finito, entonces lo transfinito hace posible lo finito. En
consecuencia, sin transfinito no habría finito. Veamos, pues, que
sea lo transfinito. Define García
Bacca como "transfinitas" aquellas realidades "que
no poseen por esencia tal o cual límite concreto, pero «pueden»
ser limitadas", lo que implica "indisolublemente, la doble
posibilidad: la directa, de poder tener tal o cual límite, y la inversa
de poder superar y eliminar tal o cual límite concreto", de modo
que "esta doble posibilidad asegura el que ninguna cosa o tipo
de ser sea «esencialmente» finito, pero que ciertos seres
o propiedades de seres sean finitables por tal o cual límite, cada
uno de los cuales es superable, no se agarra a la cosa, no pertenece
a su esencia".
[4]
Por tanto, transfinito
es lo finitable y lo finito es lo transfinito finitado, limitado. Si a ello unimos
que límite es lo finitante, resulta evidente que se trata de tres
estados en cualquiera de los cuales puede hallarse una realidad, pues
ninguno le es esencial. Pues bien, lo
propio del transfinito, dice García Bacca, es la necesidad de tener
y superar límites, pero "lo que no es franqueable ni superable
es la necesidad de que en cada momento haya una barrera u otra"[5].
Parece, entonces, que haya un límite esencial, la misma transfinitud,
en contra de lo afirmado anteriormente al respecto. Sin embargo, no
es así. En efecto, atendiendo
a la "doble posibilidad" del transfinito de tener y superar
límites constantemente, García Bacca clasifica lo real según potencias
o tipos crecientes de transfinitud: 1ª.- "cosas [que] pueden tener límites, un tipo de límites y dentro
del tipo todos los casos concretos o maneras de realizar tal tipo
de límites; pero, además, tienen que tener en cada momento uno u otro
de los límites del «tipo», aunque cada uno de tales
límites concretos sea superable; mas, al superar éste, se ha de caer
en otro del tipo". Tal es lo "transfinito
en primera potencia", como los cuerpos físicos, de los que dice:
"aunque tales cosas no sean esencialmente finitas, lo son condicionalmente,
por necesidad consecuente, supuestas ciertas circunstancias". 2ª.- "Se dan cosas transfinitas
que "pueden" admitir límites, pero cada uno de tales límites
y las delimitaciones y relaciones introducidas por ellos son superables;
como son borrables las circunferencias que dibujo en un plano, las
ondas en la superficie lisa de un lago. Así sucede con la cantidad
y en ciertas cualidades (intensidad del sonido, del color...). Transfinitud
en segunda potencia". En este caso,
se trata de la posibilidad de superar el límite del "tipo"
de ser para convertirse en otro distinto. Si por la potencia primera
de transfinitud algo queda delimitado en cuanto tipo de ser,
y lo único superable es "uno u otro de los límites del tipo",
pero no el "tipo" en sí, la potencia segunda es, en cambio,
la capacidad para superar el propio "tipo" de ser. Lo que
no es superable en este caso es el límite de la propia transfinitud,
es decir, el hecho de tener necesariamente algún límite.[6] Obsérvese, por
tanto, que en ambos tipos de transfinito hay sendos límites infranqueable:
en el primero el del tipo de ser, en el segundo, el de la transfinitud.
Sin embargo, tal infranqueabilidad no es realmente absoluta. Cada infranqueabilidad
lo es únicamente para la potencia de transfinitud correspondiente
pero no para la superior, de modo que no son verdadera, esencialmente,
insuperables (límite), sino sólo de forma relativa. Por tanto, que
una realidad resulte límite, así como su grado de dificultad (insuperabilidad),
únicamente depende de la potencia superadora de la realidad sobre
la que actúe, no de propiedad alguna esencial a la cosa en sí. Si
ésta posee una potencia menor a la necesaria para su superación, el
límite parecerá infranqueable, esencial, pero lo erróneo de la apreciación
queda de manifiesto ante la capacidad superadora de una potencia superior
de transfinitud. Así, la infranqueabilidad del "tipo" de
ser para la primera potencia de transfinitud no es tal para la segunda
potencia, para la cual, en cambio, lo es la transfinitud. Pues bien, como
vamos a ver, existe una potencia superior de transfinitud para la
que ni tan siquiera la transfinitud resulta límite insuperable, pues
tiende como a límite propio a la infinitud. En rigor, por tanto, será
la existencia de esta tercera potencia de transfinitud lo que impida
la infranqueabilidad de cualquier límite y, por tanto, su esencialidad.
Llegamos con esto al punto arquimedeo de la filosofía garciabacquiana. 4. EL TRANSFINITO
HUMANO. En efecto, considera
García Bacca la existencia de un tercer tipo, o "pura potencia",
de transfinitud, la humana: 3ª.- "Se da un tercer tipo de entidades con
pura potencia de transfinitud. No sólo tienen la posibilidad de superar
cada uno de los límites pertenecientes a un tipo o género, sino que
pueden superar cualquier límite de cualquier orden o género, en virtud
de tener conciencia de qué es ser límite. Tal es el hombre".[7] Afirma García
Bacca que la potencia transfinita del hombre "es tan multiforme
que por todas partes y en todos los órdenes —material, moral,
metafísico, social...— tropieza con límites pretendidamente
y pretenciosamente infranqueables", de forma que también llegará
a notar como límite y, por tanto, prisión, su propia condición transfinita.
En definitiva: "el auténtico hombre no es animal, ni tiene cuerpo
ni alma ni sentidos ni potencias. El auténtico hombre es una transfinitud
que, por ser tal y no ser infinitud, tiene que tener en cada momento
unos límites u otros que superar". Y es que "lo transfinito
del hombre es el fundamento de su transcendencia. (...) La transfinitud
del hombre es el origen de la transcendencia en todos los órdenes";
"transfinitud o transcendencia esencial al hombre".
[8]
¿Pero qué significa
que la transfinitud es el fundamento de la transcendencia humana,
o transcendencia esencial, cuando resulta que el hombre no es lo único
transfinito? La superioridad
de la potencia de la transfinitud humana, su capacidad para superar
cualquier tipo de límite, radica, según afirmaba García Bacca, en
"tener conciencia de qué es ser límite". En realidad,
dos son los modos que adopta la conciencia de límite en el ser humano
considerados por García Bacca: el primero, como conciencia de estar
limitado por realidades concretas (sentir límites, o algo como límite):
"El primer criterio para saber si una cosa funciona como límite
es si me siento confinado por lo que, mirado en sí mismo, es esencialmente
finito. (...) Sólo la transfinitud humana puede notarse encerrada
y confinada dentro de cosas «esencialmente esencialmente finitas»;
el segundo, como "conciencia de qué es ser límite en cuanto límite".
[9]
Ahora bien, la
posibilidad de concienciar algo como límite, dirá García Bacca, es
considerando de algún modo que detrás de la realidad limitante hay
algo más: "toda conciencia de una finitud lleva necesariamente
consigo (...) la conciencia complementaria de un más allá, de un trans",
lo que explica la actitud de quien se nota limitado: "El darse
de cabezadas contra una pared sólo es posible porque quien se da de
cabezadas puede y de alguna manera está más allá de la pared. El tropezar
con un límite se hace en virtud de una transfinitud".[10] Puesto que hay
dos modos de sentir la finitud, los límites, esa "conciencia
complementaria" del "trans" y aquello contra lo que
se da "de cabezadas" el transfinito humano no será lo mismo
en cada caso. En efecto, en
el primero se toma conciencia de la propia condición transfinita al
notar lo que de límite o resistencia presenta una realidad cualquiera:
"límite no es una cosa ni una propiedad de cosa alguna. Límite
no es algo que se pueda descubrir en una cosa; límite es el descubrirse
una transfinitud a sí misma en cuanto transfinita; límite es autodescubrimiento
de la propia transfinitud con ocasión del descubrimiento de una cosa
y de cualquier cosa"[11]. En este caso,
aquello de lo que el hombre adquiere conciencia es de su transfinitud:
se sabe transfinito. Nos hallamos, pues, ante una primera elevación
de la naturaleza transfinita humana, por transcendentalidad: "transfinitud
transcendental" o "transcendencia natural"[12].
Y lo que en este caso está "más allá", lo que permite que
las cosas sean notadas como límites, es la propia transfinitud. Pero es diferente
"notarse como transfinito" que sentirse "estar finitado
en la propia transfinitud",
[13]
pues en este caso no se trata ya de
notar como límite "uno u otro de los límites del «tipo»,
sino el propio "tipo" de ser, es decir, de situarse en la
frontera de propio ser. Cuando esto sucede, aquello contra lo que
se estrella la conciencia es la propia condición transfinita del ser
humano, volviéndose entonces el hombre "finitud consciente de
serlo"
[14]
. En este punto,
cabe preguntarse por la condición de posibilidad de tal acontecimiento.
¿Qué es lo que hace posible que la propia transfinitud sea vivida
como finita, como limitación; qué es aquello que el ser humano considera,
nota, advierte, adivina... de algún modo "trans" la transfinitud
para que ésta sea notada como límite? "El Infinito
-dice García Bacca- no es un tipo superior a transfinito, sino lo
más allá de finito y transfinito"[15]. Advierte García
Bacca, que el hecho de sentir todo como limitación o finitud, incluso
la propia transfinitud, es indicio inequívoco de que en el ser humano
late el deseo de infinitud: "Las cosas podrán ser en sí lo que quieran; el que las viva y note y se
me aparezcan como consistentes o inconsistentes depende de que mi
ser haya dado o no posibilidad de acceso al Infinito"[16]. Así, pues, es
lo Infinito, no ya la transfinitud, aquello que el hombre atisba "trans"
su propia transfinitud de modo que comienza a notarla finita. Pues bien, cuando
esto sucede la conciencia queda nueva y superiormente elevada y, con
ello, la potencia de la transfinitud humana que se hace "pura
potencia" de transfinitud por ir acompañada de la conciencia
de la inexistencia de límites esenciales, incluido el propio "tipo"
de ser. Y puesto que tal conciencia impulsa la acción transfinitadora
humana a superar la propia transfinitud, será transfinitud "transfinitante"[17].
Mas como lo hace en dirección al Infinito, resultará finalmente "transfinitud
transcendente" o "segunda potencia de transcendencia".[18] Ahora resulta
claro por qué y cómo García Bacca considera que en la transfinitud
radica el fundamento de la transcendencia humana, o transcendencia
esencial al hombre, mas a condición, siempre, de acompañarse de la
conciencia o "intimidad". Retomaremos posteriormente
el tema del Infinito con el fin de ver de qué modo lo entiende García
Bacca. Fijemos ahora
nuestra atención en otro aspecto de la transfinitud humana destacado
por el filósofo navarro, su condición dramática: "el hombre
es la resultante de dos fuerzas, una la transfinitud que lo asciende
ordenadamente hacia el infinito, y otra de cosificación que lo empuja
hacia lo mortal, lo finito, lo hecho, lo definido"
[19]
. Este drama es, en realidad,
tragedia: "la grandeza y la tragedia del hombre consiste
precisamente en su transfinitud, en que la conciencia —lo íntimo,
por antonomasia— «tiene que» notar y vivir la dialéctica
desgarradora y aprisionadora de los límites para tener conciencia
de su transfinitud"
[20]
Ahora bien, puesto
que "los límites no hacen sino desvelar, hacer aparecer lo que
el hombre es o hacerle ser en acto lo que era virtualmente"
[21]
, la verdadera magnitud e intensidad
de esta tragedia sólo comienza a ser evidente cuando se advierte que
el Infinito anhelado por la transfinitud humana es, ni más ni menos,
que Dios: "Y como la potencia expansiva, transfinita del vapor
encerrado en los límites de una caldera pone en movimiento esa cosa
férreamente aprisionadora y delimitante que es una locomotora, así
la multiforme potencia de infinitud que hay en cada cosa, sobre todo
en el hombre, tropieza contra las barreras ónticas —este cuerpo,
número fijo de sentidos y de estos sentidos, número fijo de categorías...—
y esta lucha en la misma cosa entre finitud y transfinitud, entre
cosa y ser, pone en movimiento intrínseco y esencial, a la cosa misma
hacia lo Infinito, hacia Dios"
[22]
; "La potencia radical del hombre
es su transfinitud; su posibilidad de llegar a ser Dios o de acercarse
indefinidamente, sin límite superior infranqueable, a Dios: la dialéctica"
[23]
. Ahora podemos
advertir plenamente dónde radica lo trágico del ser humano como transfinito:
en ser demonio
[24]
, que es "una manera de ser: ser-en-transfinitud
transfinitante"
[25]
, pues
"se es demonio, ante todo, por no respetar lo hecho y
lo definitivo, por no inclinarse ante el ser; y en el ser, ante la
sustancia"
[26]
. De ahí, también, lo que de tragedia
ontológica tiene: "el suplicio, el infierno de los demonios
es, ni más ni menos, el tomar conciencia de la irremediabilidad de
la finitud precisamente por tener conciencia de la propia transfinitud,
el no poder convertir la finitud en infinidad, en infinidad de hecho,
definitiva, óntica, sustancial, como la divina. He llamado a la tragedia
constitutiva del demonio tragedia ontológica, porque descubre el logos
del ser (on); y propiamente hablando, una cosa no descubre
lo que de ser tiene, lo que es capaz de llegar a «ser»,
sino cuando toma conciencia de la lucha entre su finitud y su transfinitud"
[27]
. Por tanto, "la tragedia de vivir
endemoniado consiste, pues, en tener conciencia de que se tiende a
un límite inaccesible, que uno se acerca indefinidamente a él, que
no hay barreras concretas infranqueables; pero que siempre surge una
nueva, franqueable a su vez"
[28]
. Debido a su carácter
de necesidad óntica, García Bacca rechaza que a la condición demoníaca
del ser humano le sea aplicable la categoría de pecado, en lugar de
lo que verdaderamente es: "la
magnífica potencia salvaje de una transfinitud en acto de evadirse
de ciertos límites, pretenciosamente y pretendidamente definitivos,
se tachará de soberbia, de rebeldía, de insulto a la autoridad, de
anarquismo... de todo menos de lo que es en el fondo, de tragedia
ontológica, de condenación vital a vivir endemoniado"
[29]
. Y es que "en todas las
interpretaciones dogmáticas de las religiones, el pecado del demonio
consiste, bajo una u otra forma, en querer ser Dios. Pretender y tender
a ser y ser hijo de Dios por la gracia no sólo no es pecado sino estado
de gracia. Lo grave de esta limitación en el plan evolutivo y ascensional
de las cosas consiste en que ni se puede ni se debe pretender ser
algo más que hijo adoptivo de Dios", pero "ser demonio,
sea dicho en verdad, no es pecado entitativo, sino desgracia ontológica.
Y querer ser Dios no es el mayor de los pecados, sino la mayor de
las tragedias íntimas de una «cosa»".
[30]
Con lo expuesto
va ya perfilándose el modo en que se concreta la concepción garciabacquiana
del "hombre como tarea y tema de Infinito"[31].
Pero queda aún por abordar el "tema" que da sentido y definición
a la "tarea": lo Infinito. 5. LO INFINITO. Recordemos: "El
infinito no es un tipo superior
a transfinito, sino lo más allá de finito y transfinito". Pues bien, de
dos formas aparece el Infinito en los escritos de García Bacca: como
Absoluto y como Dios. Dos formas de trascendencia, de estar "más
allá de finito y transfinito". 5.1. Lo
Infinito como Absoluto. Lo que permite
al bañista flotar y nadar no es la cantidad de agua con la que entra
en contacto inmediato su cuerpo, sino la masa o volumen total del
agua del mar actuando como un "global" o "bloque"
sustentador[32]. Pues bien, "para
el mantenimiento de lo finito —dice García Bacca— no basta
lo finito; es imprescindible la sustentadora presencia de un infinito,
en forma de bloque, global, compacta. (...) La presencia de una infinidad,
en bloque —repito insistentemente la frase—, es
la que hace posible la finitud"
[33]
. También nuestra
realidad como humanos, afirma García Bacca, está sostenida: "Es
que no basta un objeto, por claro, distinto, preciso, definido
que sea, para que el hombre obre en ningún orden. Hace falta continua
un bloque, un infinito, percibido en bloque indistinto, en
bulto, en misterio", el cual "subtiende, sustenta nuestras
corrientes y superficiales apariencias y visiones concretas".[34] Pues bien, para
poder realizar esa función sustentadora "el bloque que nos sostiene
está y tiene que estar, constantemente más allá de lo que en
cada momento tocamos y sentimos"[35]. Que el "bloque"
permanezca oculto, atemático, pero actuante, es condición de posibilidad para
que, también en cualquier orden, podamos interesarnos y ocuparnos
en lo que hacemos: "el ocultamiento, respecto de una experiencia
individualizada, —física o mental—, del todo, del bloque,
es condición para que nos movamos de esto a estotro, para que recorramos
palmo a palmo el mundo real o ideal"
[36]
. Es, pues, preciso, que el bloque
permanezca en estado atemático para que sobre él pueda aparecer lo
individual, a modo de fondo de posibilidad y resalte
[37]
, y en ello radica, justamente, su
transcendencia: "De una realidad que se nos dé eludiéndose y
evadiéndose de las realidades de tipo cualquiera, particular, individual...
diremos que es transcendente -real y verdaderamente"
[38]
. Por su condición
transcendente, elusiva y evasiva, esa realidad de la que únicamente
adivinamos su presencia (Que) y función (sustentar) es calificada
por García Bacca de misterio: "el misterio es la estructura
profunda, la infraestructura, de la verdad, real de verdad"[39].
Pero "misterio" no equivale a "confusión", sino
a eficacia en su función: "La realidad no tiene realidad, o no
es realidad de verdad (...) si no es misteriosa. Sólo el errabundo,
bohemio, distraído, insistente... no caen en la cuenta de la función
real del misterio, que nada tiene que ver con el oscurantismo
o reacción"; "que algo tenga misterio, que en un orden reine
el misterio, no equivale, pues, al hegeliano de que en la noche
todos los gatos son pardos; la existencia del misterio es la garantía
de que la realidad tiene solidez,
profundidad, que podemos apoyarnos realmente en ella, sin hundirnos".[40] En la mística
plotiniana, tal realidad recibe el nombre de "El Firme"
pues se sostiene a sí mismo sin necesidad de apoyarse en nada fuera
de él: Ab-solutum, suelto de, más de él depende para ser, en
lo que tenga de realidad, lo finito, cualquier finito.[41] Si, pues, como
se vio, lo finito es posible por lo transfinito ( no es más
que lo transfinito finitado), ahora hay que afirmar que ambos (en
rigor, el transfinito) necesitan, a su vez, de ese bloque misterioso
que sostiene su ser y queda más allá de ellos, trans-cendiéndoles,
en estado atemático, pero real y actuante, que es lo Absoluto (Ab-solutum).
Infinito, pues, como "lo más allá de finito y transfinito",
a modo de fundamento óntico suyo o Absoluto. Pues bien, el
Absoluto es identificado por García Bacca con la base materio-energética
del universo físico, tal como la descubren la física atómica y cuántica,
por ser el tipo de realidad que mejor se ajusta en su entendimiento
a la función de "bloque" expuesta desde una perspectiva
actual (tecno-científica), y sin que tal identificación altere en
lo más mínimo su carácter misterioso y transcendente:
[42]
"Y en rigor, consistente en bloque
lo es únicamente el universo físico total; de él vale la ley de conservación.
(...) Dejemos, pues, asentado: nuestros movimientos y el estar mismo
material en el universo no son posibles por las partes de universo,
sino por el universo en bloque. (...) No se puede pensar en
hombre solamente, sino copensando en viviente, en cuerpo, en ser...
que son, cual fondos, los que hacen resaltar y mantener la originalidad
del hombre".
[43]
En las propiedades
de la base materio-energética (poder creador-radiactividad natural,
campos energéticos, estructura matemática...) encuentra García Bacca
la versión científica de la
divinidad de Dios, de las propiedades y poderes tradicionalmente atribuidas
a Dios, y de ahí que denomine a tal base "lo divino" del
Universo. Profundizar en este punto nos llevaría, dada su complejidad,
lejos del objetivo de este trabajo, por ello, sírvanos en este momento
para nuestro propósito lo siguiente: "Hay en tal realidad material
más de racionalidad, de espiritualidad de las que la teología
clásica, de cualquiera religión, ha atribuido al entendimiento divino,
al Verbo. El universo es por ello divino. Y los físicos actuales son
mayores teólogos que todos los tenidos por clásicos. Y los hombres
actuales, a la altura de tales ciencias y técnicas, podemos sentirnos,
y por puro exceso de vanidad, más divinos que todos los que se sintieron
divinos, divinizados, en épocas anteriores"[44]. 5.2. Lo
Infinito como Dios. Pero el transfinito
humano no quiere ser el Absoluto, sino Dios, que es otra forma de
Infinito, de transcendencia o "más allá de finito y transfinito".
Por "Dios"
entiende García Bacca un contenido eidético (qué) elevado al grado
de Óptimo: "el ápice de lo moral es lo Óptimo, lo
superlativo, lo desmesuradamente e infinitamente bueno, es decir:
Dios en persona"[45].
Por tal elevación ética (deber ser, anhelo de cumplimiento) el contenido
de la idea de Dios, al que García Bacca no concede referente real,
queda transcendido en un "Qué". Y así, aunque puesto (creado,
inventado) por la transcendentalidad humana (intelecto-imaginación)[46]
Dios es el testimonio del carácter transcendente de la transfinitud
del hombre, pues alude a algo que queda más allá de toda finitud,
lo totalmente Otro, como deseo de su superación de toda finitud (anhelo
de infinitud). En este sentido, por tanto, la idea de Dios resulta
transcendente ella misma, pues Dios es lo Infinito. Y así, dirá García
Bacca: "A Dios, al Infinito no se le halla como
nos hallamos con la conclusión de un silogismo o como nos tropezamos
con una piedra o como se encuentra uno con la circunferencia. La conclusión de un silogismo y, en general,
la conclusión de cualquiera figura deductiva cierra (concludere,
con-cusio) intrínsecamente la figura, es su parte constitutiva
final. Y el Infinito no puede ser conclusión del universo, está más
allá que él. Así, Dios no es la causa primera del mundo ni
su causa final, si entiendo causa de una manera unívoca a como son
causa las cosas finitas; no es El ni el primero ni el último, ni el
principio ni el fin de lo finito; si entiendo primero y fin como elementos
de una serie en que entre, como elemento, lo finito. Dios es transcendente;
es supra-causa y suprauno y supralógico. Con una metáfora matemática diría que Dios es
el límite del mundo, pero que tal límite no pertenece a la sucesión
que a él tiende"[47].
Después de lo
anterior, no ha de extrañar que García Bacca considere el argumento
anselmiano sobre la existencia de Dios como la mejor expresión de
lo que es (qué es) Dios
[48]
. En definitiva,
Dios es para García Bacca la imagen o testimonio del poder y los esfuerzos
creadores, del anhelo de infinitud, de la transfinitud humana, radicando
en ello la transcendencia o infinitud de Dios: "Los productos
humanos son la mostración palpable y real de que [el hombre] es
creador. Que Dios es creador no pasa de ser la expresión provisional
de que el hombre no lo es aún, de que no ha llegado aún a ser inventor;
Dios es entonces la imagen intelectual y sentimental de nuestros pujos
de creadores, la cara especular de nuestros deseos"[49]. 5.3. Lo Absoluto
como diverso de Dios. Por lo dicho,
resulta evidente que Dios y Absoluto pertenecen a órdenes diversos
y son irreductibles dejados a su natural estar. Para notar
mejor esta diferencia nos serviremos de una distinción del gusto de
García Bacca: la diferencia entre los componentes escalar y vectorial
en una realidad. Así, el Absoluto es una magnitud escalar (base materio-energética
del universo físico) y como tal posee poder causal material y eficiente.
Dios, en cambio, pertenece al ámbito eidético siendo,
en cuanto Óptimo (deber ser), componente vectorial, pues indica
sentido o tendencialidad, pero carente, por ello mismo, del poder
causal propio del componente escalar. 6. DIOS COMO
CUESTION ABIERTA El "tema"
del hombre como Infinito ya lo sabemos: Infinito-Dios. La "tarea",
también: serlo. Mas, ¿cómo? Plan: uniendo sintéticamente (inseparable
e irreversiblemente) los dos aspectos del Infinito expuestos, de forma
que cada uno de ellos complemente al otro: el Absoluto, aportando
su poder causal eficiente y material (componente escalar); Dios, dando sentido-dirección a ese poder orientándolo,
encauzándolo, como modelo o causa formal y final. Pero, entonces,
¿cuáles son las condiciones de posibilidad, no ya del éxito del plan,
sino del plan mismo, de que pueda ser tomado filosóficamente en serio? En cierta ocasión
dice García Bacca: "No escamotearemos en esta obra indicaciones
expresas de tales escapes al Infinito que se hallan en el hombre.
Problemas parabólicos, que nos tentarán interiormente cual aquella
frase bíblica: "eritis sicut dii", "seréis como
dioses". Y con ellos tal vez nos resulte posible retorcer
aquella blasfema frase de Nietzsche: "si existiera Dios, yo
ya no podría serlo; luego Dios no existe". Si existe Dios,
podremos serlo, porque en nosotros se dan un conjunto de procedimientos
de paso al límite Infinito, andanzas parabólicas, y plusquamquijotescas"
[50]
. De tal afirmación,
y a la luz de lo que se ha venido diciendo, se sigue que García Bacca
considera que Dios existe pero no es, por lo que resulta
una cuestión abierta. Veamos qué significa esto. En efecto, dice
García Bacca: "Nadie irá a poner distinción real entre dos estados
del mismo volumen de agua: todo volumen de agua puede hallarse en
estado líquido y en estado sólido. Pues, ¿quién sabe, si la
distinción entre Dios y creaturas no habrá ya que plantearla, caso
de que uno crea que existe Dios, no con los conceptos de esencia y
existencia —planteamiento que nunca fue unánime en la escolástica
(...)—, sino con la de ser y estar?"
[51]
. Con este planteamiento
de fondo, resulta comprensible que García Bacca comparta la postura
heideggeriana de no identificar Dios y Ser como consecuencia de la
distinción entre ser y estar introducida por el pensador alemán en
la filosofía
[52]
, y de ahí que diga: "tal vez
con las ideas heideggerianas de separar ontología y teología, que
el Ser no se identifique con Dios, sea posible alcanzar una libertad
mayor que si coinciden por identidad formal Dios y El Ser"; "En
Heidegger, y en todo el existencialismo moderno, la contingencia nuestra,
la de los que somos seres que estamos en diversos estados, es mucho
más radical que la clásica —aun que la tomista—. ¿Conducirá
esto a otro tipo de relaciones con Dios?".
[53]
Lo que en definitiva
sostiene García Bacca es que, con este planteamiento de la cuestión
de Dios, nada está dicho definitivamente sobre su modo de ser, quedando
así abierta la posibilidad ante el hombre de serlo. Por esta
razón, tanto el ateísmo entendido como autenticidad del hombre, como
el teísmo serán rechazados como erróneos por el filósofo vasco, y
de ahí que afirme: "Y en la negativa de que Dios es el SER, que
Dios es, pero no existe (que no es, pues, el Esse subsistens),
se quedaría Heidegger (...); y en que Dios ni es ni existe se afirmaría
Sartre. Todas las cuales negaciones son perfectamente compatibles
con que Dios sea de otra manera, incomprensible para toda ontología,
e indecible e inefable para todo lenguaje que tenga, como el nuestro,
"lenguaje del ser, como las nubes son del cielo"
[54]
. El posicionamiento
de García Bacca sobre Dios no es teísta, pero tampoco ateo.[55]
Tampoco cabe la posibilidad de calificarle como agnóstico, pues es
evidente que sobre Dios considera que hay mucho que tratar, especialmente
de serlo. Hay quien lo ha catalogado de panteísta[56].
Por nuestra parte, para calificar su postura sobre el particular preferimos
emplear el término paganismo actualizado (tecno-científico)[57]. Sea como fuere,
tras lo expuesto la expresión Dios existe pero no es se vuelve
más clara: en cuanto idea, Dios existe con realidad mental,
pero su referente no es real extramentalmente; en cuanto a
"lo divino" de Dios (poder o causalidad eficiente y material
de la base materio-energética del Universo), existe con realidad
objetiva, pero no es algo definido, no posee esencia. Ambas
formas de manifestación de lo Infinito, la transcendental-transcendente
(Dios-idea: imagen de los pujos de creador del transfinito humano)
y la material-causal (como poder real) no coinciden en una misma entidad,
por lo que queda como cuestión planteable, abierta, la posibilidad
de que el hombre llegue a serlo al unir sintéticamente las dos faces
de Dios. El hombre tiene la cualidad necesaria de mediador por su condición de punto de encuentro entre el poder de la base física, de la que participa como viviente, y de Dios, en cuanto idea creada por su poder transcendental. Como Mercurio, el hombre puede mediar para suturar la distancia entre ambos extremos en virtud de su dinamismo transfinitador, y así dirá García Bacca: "toda la realidad se está transustanciando a manos y por virtud del hombre, el gran agente catalizador y autocatalizador |