GARCÍA BACCA:

EL HOMBRE COMO TAREA Y TEMA DE INFINITO

   Roberto Aretxaga

 

 

1. INTRODUCCION

    Lo que sigue a continuación quiere ser una invitación y un aperitivo. Invitación a filosofar en compañía de Juan David García Bacca; aperitivo a un menú filosófico fuerte que pondrá a prueba nuestra capacidad de digestión filosófica. El filosofar de García Bacca tiene por norma poner aprueba, no de probar, aquello que solemos dar por sentado con demasiada frecuencia y facilidad, de ahí que la suya no sea una filosofía cómoda para el lector, quien a menudo se siente golpeado por ella en sus convicciones más profundas.

    Tampoco es sencilla, pues a la cantidad y variedad de temas que la componen se suman la profundidad en su tratamiento y la explosiva combinación de rigor formal (no en vano García Bacca fue el introductor en España de la lógica matemática) y espíritu dialéctico que lo guían.

    La escasez en nuestro país de especialistas en el pensamiento y la obra de García Bacca, así como las dificultades en el acceso a la mayoría de sus escritos, justifican el objetivo básico del trabajo que ahora presentamos: ser un acercamiento y una ayuda en la comprensión de la filosofía del ilustre pensador pamplonés. Para ello, hemos decidido comenzar presentando el meollo del pensamiento garciabacquiano, la fuente en la que bebe todo él y de la que toma su sabor y fuerza auténticamente filosóficos: la relación finito-infinito. Relación que en nuestro autor adquiere forma de tríada: finito-transfinito-infinito, donde el transfinito funge de mediador dialéctico que posibilita el tránsito entre los dos extremos. Además de analizar esta relación, dejaremos esbozado, siquiera a grandes rasgos, pues no es posible más en este momento, la ruta que toma esta conflictiva relación en el pensamiento de García Bacca y la dirección hacia la que apunta su resolución.


    Por todo ello, queremos dedicar este trabajo de forma especial a los estudiantes de las Facultades Universitarias de Filosofía, y en particular de la Universidad de Deusto de Bilbao, entre cuyos alumnos ya es patente el interés suscitado por la figura y el pensamiento del filósofo navarro del exilio republicano, como fruto de la labor docente e investigadora del Doctor Carlos Beorlegui. Interés que ha recibido un espaldarazo decisivo con la organización por parte de la Facultad de Filosofía de la mencionada Universidad del Congreso Internacional "Centenario del nacimiento de J. D. García Bacca", que tuvo lugar el pasado mes de octubre.

2. LO FINITO.

En el pensamiento de García Bacca, el término "finito" remite necesariamente al de "límite":

"En una hoja de papel de blanco -dice García Bacca- trazo una circunferencia. La circunferencia, con su perfil cerrado delimita y corta el plano en dos partes: una interior, que lleva el nombre de círculo, y otra exterior (...) Lo que, en rigor, hace de límite son ciertos puntos del mismo plano de papel blanco; los "mismos", desde el punto de vista óntico, que antes de comenzar a ejercer las funciones de límites, de separadores del plano en dos regiones. Y el que ciertos puntos o partes del plano de papel blanco hagan de límites no es un nuevo ser, ni una propiedad óntica de ninguna clase; límite o hacer de límite no es ni sustancia ni cantidad, ni cualidad, ni acción... La sustancia, cantidad, cualidad, acción, relación pueden ser finitas o finitadas, admitir delimitaciones; por eso, el límite en cuanto límite no pertenece a ningún tipo de ser ni es ninguna propiedad óntica de ningún ser. Más aún: límite no es relación, en cuanto relación es un tipo o categoría de ser (...) El límite o la función delimitadora introducida por una cosa o propiedad no es relación, como no es ninguna otra clase de ser o propiedad óntica. Y vale la inversa: que la relación y, en general, ningún tipo de ser o propiedad de ser pueden hacer, en cuanto tales, de límite. Nada es "esencialmente límite", como puede ser esencialmente Dios, creatura, cantidad...".[1]

    Hablar, pues, de límites esenciales es una contradicción: "la unicidad de cada tipo de esencia destruiría la referencia plural incluida en todo límite", ya que "desde el momento en que un límite pertenece a la esencia de una cosa, como cada esencia en cuanto esencia es algo original y único, el límite deja de ser límite". [2]  Hay que concluir, entonces, que no existen los límites o, si los hay, que no son esenciales ni, por tanto, insuperables. "Límite" no es ser, sino "función delimitadora introducida por una cosa o propiedad"".


    En consecuencia, lo "finito" es lo finitado, lo limitado. Decir que algo es finito equivale a afirmar que tal realidad está afectada por otra que funciona como límite, pero nada esencial a la finitada ni a la finitante. Por tanto, sería más correcto decir de una realidad que está finitada.

3. LO TRANSFINITO.

    "El tropezar con un límite -dice García Bacca- se hace en virtud de una transfinitud"; "Sólo lo transfinito y no lo infinito hace posible y da sentido de límite a una cosa; y no al revés".[3]

    Por tanto, si lo que hace posible un límite, la "función delimitadora" de una realidad, es lo transfinito, y el límite hace posible, a su vez, lo finito, entonces lo transfinito hace posible lo finito. En consecuencia, sin transfinito no habría finito. Veamos, pues, que sea lo transfinito.

    Define García Bacca como "transfinitas" aquellas realidades "que no poseen por esencia tal o cual límite concreto, pero «pueden» ser limitadas", lo que implica "indisolublemente, la doble posibilidad: la directa, de poder tener tal o cual límite, y la inversa de poder superar y eliminar tal o cual límite concreto", de modo que "esta doble posibilidad asegura el que ninguna cosa o tipo de ser sea «esencialmente» finito, pero que ciertos seres o propiedades de seres sean finitables por tal o cual límite, cada uno de los cuales es superable, no se agarra a la cosa, no pertenece a su esencia". [4]

    Por tanto, transfinito es lo finitable y lo finito es lo transfinito finitado, limitado.

    Si a ello unimos que límite es lo finitante, resulta evidente que se trata de tres estados en cualquiera de los cuales puede hallarse una realidad, pues ninguno le es esencial. 

    Pues bien, lo propio del transfinito, dice García Bacca, es la necesidad de tener y superar límites, pero "lo que no es franqueable ni superable es la necesidad de que en cada momento haya una barrera u otra"[5]. Parece, entonces, que haya un límite esencial, la misma transfinitud, en contra de lo afirmado anteriormente al respecto. Sin embargo, no es así.


    En efecto, atendiendo a la "doble posibilidad" del transfinito de tener y superar límites constantemente, García Bacca clasifica lo real según potencias o tipos crecientes de transfinitud:

 

1ª.-      "cosas [que] pueden tener límites, un tipo de límites y dentro del tipo todos los casos concretos o maneras de realizar tal tipo de límites; pero, además, tienen que tener en cada momento uno u otro de los límites del «tipo», aunque cada uno de tales límites concretos sea superable; mas, al superar éste, se ha de caer en otro del tipo".

    Tal es lo "transfinito en primera potencia", como los cuerpos físicos, de los que dice: "aunque tales cosas no sean esencialmente finitas, lo son condicionalmente, por necesidad consecuente, supuestas ciertas circunstancias".

 

2ª.-      "Se dan cosas transfinitas que "pueden" admitir límites, pero cada uno de tales límites y las delimitaciones y relaciones introducidas por ellos son superables; como son borrables las circunferencias que dibujo en un plano, las ondas en la superficie lisa de un lago. Así sucede con la cantidad y en ciertas cualidades (intensidad del sonido, del color...). Transfinitud en segunda potencia".

    En este caso, se trata de la posibilidad de superar el límite del "tipo" de ser para convertirse en otro distinto. Si por la potencia primera de transfinitud algo queda delimitado en cuanto tipo de ser, y lo único superable es "uno u otro de los límites del tipo", pero no el "tipo" en sí, la potencia segunda es, en cambio, la capacidad para superar el propio "tipo" de ser. Lo que no es superable en este caso es el límite de la propia transfinitud, es decir, el hecho de tener necesariamente algún límite.[6]


    Obsérvese, por tanto, que en ambos tipos de transfinito hay sendos límites infranqueable: en el primero el del tipo de ser, en el segundo, el de la transfinitud. Sin embargo, tal infranqueabilidad no es realmente absoluta.     Cada infranqueabilidad lo es únicamente para la potencia de transfinitud correspondiente pero no para la superior, de modo que no son verdadera, esencialmente, insuperables (límite), sino sólo de forma relativa. Por tanto, que una realidad resulte límite, así como su grado de dificultad (insuperabilidad), únicamente depende de la potencia superadora de la realidad sobre la que actúe, no de propiedad alguna esencial a la cosa en sí. Si ésta posee una potencia menor a la necesaria para su superación, el límite parecerá infranqueable, esencial, pero lo erróneo de la apreciación queda de manifiesto ante la capacidad superadora de una potencia superior de transfinitud. Así, la infranqueabilidad del "tipo" de ser para la primera potencia de transfinitud no es tal para la segunda potencia, para la cual, en cambio, lo es la transfinitud.

    Pues bien, como vamos a ver, existe una potencia superior de transfinitud para la que ni tan siquiera la transfinitud resulta límite insuperable, pues tiende como a límite propio a la infinitud. En rigor, por tanto, será la existencia de esta tercera potencia de transfinitud lo que impida la infranqueabilidad de cualquier límite y, por tanto, su esencialidad. Llegamos con esto al punto arquimedeo de la filosofía garciabacquiana.

4. EL TRANSFINITO HUMANO.

    En efecto, considera García Bacca la existencia de un tercer tipo, o "pura potencia", de transfinitud, la humana:

3ª.-      "Se da un tercer tipo de entidades con pura potencia de transfinitud. No sólo tienen la posibilidad de superar cada uno de los límites pertenecientes a un tipo o género, sino que pueden superar cualquier límite de cualquier orden o género, en virtud de tener conciencia de qué es ser límite. Tal es el hombre".[7]

    Afirma García Bacca que la potencia transfinita del hombre "es tan multiforme que por todas partes y en todos los órdenes —material, moral, metafísico, social...— tropieza con límites pretendidamente y pretenciosamente infranqueables", de forma que también llegará a notar como límite y, por tanto, prisión, su propia condición transfinita. En definitiva: "el auténtico hombre no es animal, ni tiene cuerpo ni alma ni sentidos ni potencias. El auténtico hombre es una transfinitud que, por ser tal y no ser infinitud, tiene que tener en cada momento unos límites u otros que superar". Y es que "lo transfinito del hombre es el fundamento de su transcendencia. (...) La transfinitud del hombre es el origen de la transcendencia en todos los órdenes"; "transfinitud o transcendencia esencial al hombre". [8]

    ¿Pero qué significa que la transfinitud es el fundamento de la transcendencia humana, o transcendencia esencial, cuando resulta que el hombre no es lo único transfinito?


    La superioridad de la potencia de la transfinitud humana, su capacidad para superar cualquier tipo de límite, radica, según afirmaba García Bacca, en "tener conciencia de qué es ser límite".

    En realidad, dos son los modos que adopta la conciencia de límite en el ser humano considerados por García Bacca: el primero, como conciencia de estar limitado por realidades concretas (sentir límites, o algo como límite): "El primer criterio para saber si una cosa funciona como límite es si me siento confinado por lo que, mirado en sí mismo, es esencialmente finito. (...) Sólo la transfinitud humana puede notarse encerrada y confinada dentro de cosas «esencialmente esencialmente finitas»; el segundo, como "conciencia de qué es ser límite en cuanto límite". [9]

    Ahora bien, la posibilidad de concienciar algo como límite, dirá García Bacca, es considerando de algún modo que detrás de la realidad limitante hay algo más:  "toda conciencia de una finitud lleva necesariamente consigo (...) la conciencia complementaria de un más allá, de un trans", lo que explica la actitud de quien se nota limitado: "El darse de cabezadas contra una pared sólo es posible porque quien se da de cabezadas puede y de alguna manera está más allá de la pared. El tropezar con un límite se hace en virtud de una transfinitud".[10]

    Puesto que hay dos modos de sentir la finitud, los límites, esa "conciencia complementaria" del "trans" y aquello contra lo que se da "de cabezadas" el transfinito humano no será lo mismo en cada caso.

    En efecto, en el primero se toma conciencia de la propia condición transfinita al notar lo que de límite o resistencia presenta una realidad cualquiera: "límite no es una cosa ni una propiedad de cosa alguna. Límite no es algo que se pueda descubrir en una cosa; límite es el descubrirse una transfinitud a sí misma en cuanto transfinita; límite es autodescubrimiento de la propia transfinitud con ocasión del descubrimiento de una cosa y de cualquier cosa"[11].


    En este caso, aquello de lo que el hombre adquiere conciencia es de su transfinitud: se sabe transfinito. Nos hallamos, pues, ante una primera elevación de la naturaleza transfinita humana, por transcendentalidad: "transfinitud transcendental" o "transcendencia natural"[12]. Y lo que en este caso está "más allá", lo que permite que las cosas sean notadas como límites, es la propia transfinitud.

    Pero es diferente "notarse como transfinito" que sentirse "estar finitado en la propia transfinitud", [13] pues en este caso no se trata ya de notar como límite "uno u otro de los límites del «tipo», sino el propio "tipo" de ser, es decir, de situarse en la frontera de propio ser. Cuando esto sucede, aquello contra lo que se estrella la conciencia es la propia condición transfinita del ser humano, volviéndose entonces el hombre "finitud consciente de serlo" [14] .

    En este punto, cabe preguntarse por la condición de posibilidad de tal acontecimiento. ¿Qué es lo que hace posible que la propia transfinitud sea vivida como finita, como limitación; qué es aquello que el ser humano considera, nota, advierte, adivina... de algún modo "trans" la transfinitud para que ésta sea notada como límite?

    "El Infinito -dice García Bacca- no es un tipo superior a transfinito, sino lo más allá de finito y transfinito"[15].

    Advierte García Bacca, que el hecho de sentir todo como limitación o finitud, incluso la propia transfinitud, es indicio inequívoco de que en el ser humano late el deseo de infinitud: "Las cosas podrán ser en sí  lo que quieran; el que las viva y note y se me aparezcan como consistentes o inconsistentes depende de que mi ser haya dado o no posibilidad de acceso al Infinito"[16].

    Así, pues, es lo Infinito, no ya la transfinitud, aquello que el hombre atisba "trans" su propia transfinitud de modo que comienza a notarla finita.


    Pues bien, cuando esto sucede la conciencia queda nueva y superiormente elevada y, con ello, la potencia de la transfinitud humana que se hace "pura potencia" de transfinitud por ir acompañada de la conciencia de la inexistencia de límites esenciales, incluido el propio "tipo" de ser. Y puesto que tal conciencia impulsa la acción transfinitadora humana a superar la propia transfinitud, será transfinitud "transfinitante"[17]. Mas como lo hace en dirección al Infinito, resultará finalmente "transfinitud transcendente" o "segunda potencia de transcendencia".[18]

    Ahora resulta claro por qué y cómo García Bacca considera que en la transfinitud radica el fundamento de la transcendencia humana, o transcendencia esencial al hombre, mas a condición, siempre, de acompañarse de la conciencia o "intimidad".

    Retomaremos posteriormente el tema del Infinito con el fin de ver de qué modo lo entiende García Bacca.

    Fijemos ahora nuestra atención en otro aspecto de la transfinitud humana destacado por el filósofo navarro, su condición dramática: "el hombre es la resultante de dos fuerzas, una la transfinitud que lo asciende ordenadamente hacia el infinito, y otra de cosificación que lo empuja hacia lo mortal, lo finito, lo hecho, lo definido" [19] . Este drama es, en realidad, tragedia: "la grandeza y la tragedia del hombre consiste precisamente en su transfinitud, en que la conciencia —lo íntimo, por antonomasia— «tiene que» notar y vivir la dialéctica desgarradora y aprisionadora de los límites para tener conciencia de su transfinitud" [20]


    Ahora bien, puesto que "los límites no hacen sino desvelar, hacer aparecer lo que el hombre es o hacerle ser en acto lo que era virtualmente" [21] , la verdadera magnitud e intensidad de esta tragedia sólo comienza a ser evidente cuando se advierte que el Infinito anhelado por la transfinitud humana es, ni más ni menos, que Dios: "Y como la potencia expansiva, transfinita del vapor encerrado en los límites de una caldera pone en movimiento esa cosa férreamente aprisionadora y delimitante que es una locomotora, así la multiforme potencia de infinitud que hay en cada cosa, sobre todo en el hombre, tropieza contra las barreras ónticas —este cuerpo, número fijo de sentidos y de estos sentidos, número fijo de categorías...— y esta lucha en la misma cosa entre finitud y transfinitud, entre cosa y ser, pone en movimiento intrínseco y esencial, a la cosa misma hacia lo Infinito, hacia Dios" [22] ; "La potencia radical del hombre es su transfinitud; su posibilidad de llegar a ser Dios o de acercarse indefinidamente, sin límite superior infranqueable, a Dios: la dialéctica" [23] .

    Ahora podemos advertir plenamente dónde radica lo trágico del ser humano como transfinito: en ser demonio [24] , que es "una manera de ser: ser-en-transfinitud transfinitante" [25] , pues  "se es demonio, ante todo, por no respetar lo hecho y lo definitivo, por no inclinarse ante el ser; y en el ser, ante la sustancia" [26] . De ahí, también, lo que de tragedia ontológica tiene: "el suplicio, el infierno de los demonios es, ni más ni menos, el tomar conciencia de la irremediabilidad de la finitud precisamente por tener conciencia de la propia transfinitud, el no poder convertir la finitud en infinidad, en infinidad de hecho, definitiva, óntica, sustancial, como la divina. He llamado a la tragedia constitutiva del demonio tragedia ontológica, porque descubre el logos del ser (on); y propiamente hablando, una cosa no descubre lo que de ser tiene, lo que es capaz de llegar a «ser», sino cuando toma conciencia de la lucha entre su finitud y su transfinitud" [27] . Por tanto, "la tragedia de vivir endemoniado consiste, pues, en tener conciencia de que se tiende a un límite inaccesible, que uno se acerca indefinidamente a él, que no hay barreras concretas infranqueables; pero que siempre surge una nueva, franqueable a su vez" [28] .


    Debido a su carácter de necesidad óntica, García Bacca rechaza que a la condición demoníaca del ser humano le sea aplicable la categoría de pecado, en lugar de lo que verdaderamente es:  "la magnífica potencia salvaje de una transfinitud en acto de evadirse de ciertos límites, pretenciosamente y pretendidamente definitivos, se tachará de soberbia, de rebeldía, de insulto a la autoridad, de anarquismo... de todo menos de lo que es en el fondo, de tragedia ontológica, de condenación vital a vivir endemoniado" [29] . Y es que "en todas las interpretaciones dogmáticas de las religiones, el pecado del demonio consiste, bajo una u otra forma, en querer ser Dios. Pretender y tender a ser y ser hijo de Dios por la gracia no sólo no es pecado sino estado de gracia. Lo grave de esta limitación en el plan evolutivo y ascensional de las cosas consiste en que ni se puede ni se debe pretender ser algo más que hijo adoptivo de Dios", pero "ser demonio, sea dicho en verdad, no es pecado entitativo, sino desgracia ontológica. Y querer ser Dios no es el mayor de los pecados, sino la mayor de las tragedias íntimas de una «cosa»". [30]

    Con lo expuesto va ya perfilándose el modo en que se concreta la concepción garciabacquiana del "hombre como tarea y tema de Infinito"[31]. Pero queda aún por abordar el "tema" que da sentido y definición a la "tarea": lo Infinito.

5. LO INFINITO.

    Recordemos: "El infinito no es un  tipo superior a transfinito, sino lo más allá de finito y transfinito".

    Pues bien, de dos formas aparece el Infinito en los escritos de García Bacca: como Absoluto y como Dios. Dos formas de trascendencia, de estar "más allá de finito y transfinito".

    5.1. Lo Infinito como Absoluto.

    Lo que permite al bañista flotar y nadar no es la cantidad de agua con la que entra en contacto inmediato su cuerpo, sino la masa o volumen total del agua del mar actuando como un "global" o "bloque" sustentador[32].


    Pues bien, "para el mantenimiento de lo finito —dice García Bacca— no basta lo finito; es imprescindible la sustentadora presencia de un infinito, en forma de bloque, global, compacta. (...) La presencia de una infinidad, en bloque —repito insistentemente la frase—, es la que hace posible la finitud" [33] .

    También nuestra realidad como humanos, afirma García Bacca, está sostenida: "Es que no basta un objeto, por claro, distinto, preciso, definido que sea, para que el hombre obre en ningún orden. Hace falta continua un bloque, un infinito, percibido en bloque indistinto, en bulto, en misterio", el cual "subtiende, sustenta nuestras corrientes y superficiales apariencias y visiones concretas".[34]

    Pues bien, para poder realizar esa función sustentadora "el bloque que nos sostiene está y tiene que estar, constantemente más allá de lo que en cada momento tocamos y sentimos"[35].

    Que el "bloque" permanezca oculto, atemático,  pero actuante, es condición de posibilidad para que, también en cualquier orden, podamos interesarnos y ocuparnos en lo que hacemos: "el ocultamiento, respecto de una experiencia individualizada, —física o mental—, del todo, del bloque, es condición para que nos movamos de esto a estotro, para que recorramos palmo a palmo el mundo real o ideal" [36] . Es, pues, preciso, que el bloque permanezca en estado atemático para que sobre él pueda aparecer lo individual, a modo de fondo de posibilidad y resalte [37] , y en ello radica, justamente, su transcendencia: "De una realidad que se nos dé eludiéndose y evadiéndose de las realidades de tipo cualquiera, particular, individual... diremos que es transcendente -real y verdaderamente" [38] .


     Por su condición transcendente, elusiva y evasiva, esa realidad de la que únicamente adivinamos su presencia (Que) y función (sustentar) es calificada por García Bacca de misterio: "el misterio es la estructura profunda, la infraestructura, de la verdad, real de verdad"[39]. Pero "misterio" no equivale a "confusión", sino a eficacia en su función: "La realidad no tiene realidad, o no es realidad de verdad (...) si no es misteriosa. Sólo el errabundo, bohemio, distraído, insistente... no caen en la cuenta de la función real del misterio, que nada tiene que ver con el oscurantismo o reacción"; "que algo tenga misterio, que en un orden reine el misterio, no equivale, pues, al hegeliano de que en la noche todos los gatos son pardos; la existencia del misterio es la garantía de que  la realidad tiene solidez, profundidad, que podemos apoyarnos realmente en ella, sin hundirnos".[40]

    En la mística plotiniana, tal realidad recibe el nombre de "El Firme" pues se sostiene a sí mismo sin necesidad de apoyarse en nada fuera de él: Ab-solutum, suelto de, más de él depende para ser, en lo que tenga de realidad, lo finito, cualquier finito.[41]

    Si, pues, como se vio, lo finito es posible por lo transfinito ( no es más que lo transfinito finitado), ahora hay que afirmar que ambos (en rigor, el transfinito) necesitan, a su vez, de ese bloque misterioso que sostiene su ser y queda más allá de ellos, trans-cendiéndoles, en estado atemático, pero real y actuante, que es lo Absoluto (Ab-solutum). Infinito, pues, como "lo más allá de finito y transfinito", a modo de fundamento óntico suyo o Absoluto.


    Pues bien, el Absoluto es identificado por García Bacca con la base materio-energética del universo físico, tal como la descubren la física atómica y cuántica, por ser el tipo de realidad que mejor se ajusta en su entendimiento a la función de "bloque" expuesta desde una perspectiva actual (tecno-científica), y sin que tal identificación altere en lo más mínimo su carácter misterioso y transcendente: [42] "Y en rigor, consistente en bloque lo es únicamente el universo físico total; de él vale la ley de conservación. (...) Dejemos, pues, asentado: nuestros movimientos y el estar mismo material en el universo no son posibles por las partes de universo, sino por el universo en bloque. (...) No se puede pensar en hombre solamente, sino copensando en viviente, en cuerpo, en ser... que son, cual fondos, los que hacen resaltar y mantener la originalidad del hombre". [43]

    En las propiedades de la base materio-energética (poder creador-radiactividad natural, campos energéticos, estructura matemática...) encuentra García Bacca la versión científica de  la divinidad de Dios, de las propiedades y poderes tradicionalmente atribuidas a Dios, y de ahí que denomine a tal base "lo divino" del Universo. Profundizar en este punto nos llevaría, dada su complejidad, lejos del objetivo de este trabajo, por ello, sírvanos en este momento para nuestro propósito lo siguiente: "Hay en tal realidad material más de racionalidad, de espiritualidad de las que la teología clásica, de cualquiera religión, ha atribuido al entendimiento divino, al Verbo. El universo es por ello divino. Y los físicos actuales son mayores teólogos que todos los tenidos por clásicos. Y los hombres actuales, a la altura de tales ciencias y técnicas, podemos sentirnos, y por puro exceso de vanidad, más divinos que todos los que se sintieron divinos, divinizados, en épocas anteriores"[44].

    5.2. Lo Infinito como Dios.

    Pero el transfinito humano no quiere ser el Absoluto, sino Dios, que es otra forma de Infinito, de transcendencia o "más allá de finito y transfinito".


    Por "Dios" entiende García Bacca un contenido eidético (qué) elevado al grado de Óptimo: "el ápice de lo moral es lo Óptimo, lo superlativo, lo desmesuradamente e infinitamente bueno, es decir: Dios en persona"[45]. Por tal elevación ética (deber ser, anhelo de cumplimiento) el contenido de la idea de Dios, al que García Bacca no concede referente real, queda transcendido en un "Qué". Y así, aunque puesto (creado, inventado) por la transcendentalidad humana (intelecto-imaginación)[46] Dios es el testimonio del carácter transcendente de la transfinitud del hombre, pues alude a algo que queda más allá de toda finitud, lo totalmente Otro, como deseo de su superación de toda finitud (anhelo de infinitud). En este sentido, por tanto, la idea de Dios resulta transcendente ella misma, pues Dios es lo Infinito. Y así, dirá García Bacca:

"A Dios, al Infinito no se le halla como nos hallamos con la conclusión de un silogismo o como nos tropezamos con una piedra o como se encuentra uno con la circunferencia.

La conclusión de un silogismo y, en general, la conclusión de cualquiera figura deductiva cierra (concludere, con-cusio) intrínsecamente la figura, es su parte constitutiva final. Y el Infinito no puede ser conclusión del universo, está más allá que él.

Así, Dios no es la causa primera del mundo ni su causa final, si entiendo causa de una manera unívoca a como son causa las cosas finitas; no es El ni el primero ni el último, ni el principio ni el fin de lo finito; si entiendo primero y fin como elementos de una serie en que entre, como elemento, lo finito. Dios es transcendente; es supra-causa y suprauno y supralógico.

Con una metáfora matemática diría que Dios es el límite del mundo, pero que tal límite no pertenece a la sucesión que a él tiende"[47].

    

Después de lo anterior, no ha de extrañar que García Bacca considere el argumento anselmiano sobre la existencia de Dios como la mejor expresión de lo que es (qué es) Dios [48] .

    En definitiva, Dios es para García Bacca la imagen o testimonio del poder y los esfuerzos creadores, del anhelo de infinitud, de la transfinitud humana, radicando en ello la transcendencia o infinitud de Dios: "Los productos humanos son la mostración palpable y real de que [el hombre] es creador. Que Dios es creador no pasa de ser la expresión provisional de que el hombre no lo es aún, de que no ha llegado aún a ser inventor; Dios es entonces la imagen intelectual y sentimental de nuestros pujos de creadores, la cara especular de nuestros deseos"[49].

    5.3. Lo Absoluto como diverso de Dios.

    Por lo dicho, resulta evidente que Dios y Absoluto pertenecen a órdenes diversos y son irreductibles dejados a su natural estar. Para notar mejor esta diferencia nos serviremos de una distinción del gusto de García Bacca: la diferencia entre los componentes escalar y vectorial en una realidad. Así, el Absoluto es una magnitud escalar (base materio-energética del universo físico) y como tal posee poder causal material y eficiente. Dios, en cambio, pertenece al ámbito eidético siendo,  en cuanto Óptimo (deber ser), componente vectorial, pues indica sentido o tendencialidad, pero carente, por ello mismo, del poder causal propio del componente escalar.

6. DIOS COMO CUESTION ABIERTA

    El "tema" del hombre como Infinito ya lo sabemos: Infinito-Dios. La "tarea", también: serlo. Mas, ¿cómo? Plan: uniendo sintéticamente (inseparable e irreversiblemente) los dos aspectos del Infinito expuestos, de forma que cada uno de ellos complemente al otro: el Absoluto, aportando su poder causal eficiente y material (componente escalar); Dios,  dando sentido-dirección a ese poder orientándolo, encauzándolo, como modelo o causa formal y final.

    Pero, entonces, ¿cuáles son las condiciones de posibilidad, no ya del éxito del plan, sino del plan mismo, de que pueda ser tomado filosóficamente en serio?


    En cierta ocasión dice García Bacca: "No escamotearemos en esta obra indicaciones expresas de tales escapes al Infinito que se hallan en el hombre. Problemas parabólicos, que nos tentarán interiormente cual aquella frase bíblica: "eritis sicut dii", "seréis como dioses". Y con ellos tal vez nos resulte posible retorcer aquella blasfema frase de Nietzsche: "si existiera Dios, yo ya no podría serlo; luego Dios no existe". Si existe Dios, podremos serlo, porque en nosotros se dan un conjunto de procedimientos de paso al límite Infinito, andanzas parabólicas, y plusquamquijotescas" [50] .

    De tal afirmación, y a la luz de lo que se ha venido diciendo, se sigue que García Bacca considera que Dios existe pero no es, por lo que resulta una cuestión abierta. Veamos qué significa esto.

    En efecto, dice García Bacca: "Nadie irá a poner distinción real entre dos estados del mismo volumen de agua: todo volumen de agua puede hallarse en estado líquido y en estado sólido. Pues, ¿quién sabe, si la distinción entre Dios y creaturas no habrá ya que plantearla, caso de que uno crea que existe Dios, no con los conceptos de esencia y existencia —planteamiento que nunca fue unánime en la escolástica (...)—, sino con la de ser y estar?" [51] .

    Con este planteamiento de fondo, resulta comprensible que García Bacca comparta la postura heideggeriana de no identificar Dios y Ser como consecuencia de la distinción entre ser y estar introducida por el pensador alemán en la filosofía [52] , y de ahí que diga: "tal vez con las ideas heideggerianas de separar ontología y teología, que el Ser no se identifique con Dios, sea posible alcanzar una libertad mayor que si coinciden por identidad formal Dios y El Ser"; "En Heidegger, y en todo el existencialismo moderno, la contingencia nuestra, la de los que somos seres que estamos en diversos estados, es mucho más radical que la clásica —aun que la tomista—. ¿Conducirá esto a otro tipo de relaciones con Dios?". [53]


    Lo que en definitiva sostiene García Bacca es que, con este planteamiento de la cuestión de Dios, nada está dicho definitivamente sobre su modo de ser, quedando así abierta la posibilidad ante el hombre de serlo. Por esta razón, tanto el ateísmo entendido como autenticidad del hombre, como el teísmo serán rechazados como erróneos por el filósofo vasco, y de ahí que afirme: "Y en la negativa de que Dios es el SER, que Dios es, pero no existe (que no es, pues, el Esse subsistens), se quedaría Heidegger (...); y en que Dios ni es ni existe se afirmaría Sartre. Todas las cuales negaciones son perfectamente compatibles con que Dios sea de otra manera, incomprensible para toda ontología, e indecible e inefable para todo lenguaje que tenga, como el nuestro, "lenguaje del ser, como las nubes son del cielo" [54] .

    El posicionamiento de García Bacca sobre Dios no es teísta, pero tampoco ateo.[55] Tampoco cabe la posibilidad de calificarle como agnóstico, pues es evidente que sobre Dios considera que hay mucho que tratar, especialmente de serlo. Hay quien lo ha catalogado de panteísta[56]. Por nuestra parte, para calificar su postura sobre el particular preferimos emplear el término paganismo actualizado (tecno-científico)[57].

    Sea como fuere, tras lo expuesto la expresión Dios existe pero no es se vuelve más clara: en cuanto idea, Dios existe con realidad mental, pero su referente no es real extramentalmente; en cuanto a "lo divino" de Dios (poder o causalidad eficiente y material de la base materio-energética del Universo), existe con realidad objetiva, pero no es algo definido, no posee esencia. Ambas formas de manifestación de lo Infinito, la transcendental-transcendente (Dios-idea: imagen de los pujos de creador del transfinito humano) y la material-causal (como poder real) no coinciden en una misma entidad, por lo que queda como cuestión planteable, abierta, la posibilidad de que el hombre llegue a serlo al unir sintéticamente las dos faces de Dios.


    El hombre tiene la cualidad necesaria de mediador por su condición de punto de encuentro entre el poder de la base física, de la que participa como viviente, y de Dios, en cuanto idea creada por su poder transcendental. Como Mercurio, el hombre puede mediar para suturar la distancia entre ambos extremos en virtud de su dinamismo transfinitador, y así dirá García Bacca: "toda la realidad se está transustanciando a manos y por virtud del hombre, el gran agente catalizador y autocatalizador del universo" [58].

    Con este planteamiento, García Bacca obtendría la dosis suficiente de racionalidad[59] para considerar seriamente la posibilidad de dar cumplimiento "real-de-verdad" al dinamismo constitutivo de nuestra singular transfinitud: "es cuestión de honra divina el que intentemos ser dioses, para que quede de manifiesto que o no es posible -lo cual será máximo, comprobado, consciente y rendido reconocimiento de su transcendencia-, o que lo es- lo cual será a su vez comprobación de que somos nosotros dioses, y entonces nada podrá pasarnos"[60].

    Y puesto que "el orden de lo real se somete sólo probablemente al orden de lo posible"[61], y la posibilidad de ser Dios existe desde el momento en que nada está definitivamente dicho sobre su esencia: queda abierta la puerta a la probabilidad. En efecto, según García Bacca la posibilidad de ser Dios cuenta con alguna probabilidad, aunque muy pequeña, desde el momento en que el hombre dispone a voluntad (por técnica y ciencia) del Absoluto como materia prima o apeiron para emprender una tarea ontológica o metafísica sin precedentes: "transustanciarse" en Dios y a todo lo demás en creación suya. Por tanto, a la posibilidad de que el ser humano llegue a ser Dios hay que unirle la probabilidad, es decir, la "esperanza".

    "Esperanza" es término cuyos aspectos de paciencia y fe en lo inesperado destaca García Bacca. Si la espera lo es con la seguridad de que lo esperado llegará indefectiblemente, entonces no será esperanza, sino simple espera de lo que ha de venir (futuro) o "aguardar"[62]. Pero si existe incertidumbre (probabilidad), entonces la espera será realmente esperanza, de modo que a la paciencia ha de unírsele la creencia o fe, pues no hay seguridad. Es la existencia de la esperanza lo que impide que la filosofía de García Bacca se estanque en la "angustia", que no es otra cosa que angostarse por falta de auténtica esperanza, la de ser "Dios en Persona". Por esta razón, García Bacca no puede ser ni sentirse identificado con el existencialismo, a pesar de reconocer sus aportaciones filosóficas.

7. LA EXPERIENCIA DEL INFINITO.

    Puesto que sólo estando de algún modo más allá del límite puede concienciarse algo como tal, resulta lógico preguntarse por el modo en que el ser humano da acceso al Infinito, de forma que tras su contacto con él llega a sentir como límite incluso su propia transfinitud.

    El carácter transcendente del Infinito imposibilita el acceso intelectual a él pues, siempre esquivo al entendimiento, cuanto mayor es el afán de éste por definirlo, más transcendente (elusivo, misterioso) se torna aquél: "Si el nadador quisiera tocar con las manos y con el cuerpo lo que le sustenta, poco sacaría de ir recorriendo palmo a palmo toda la piscina o el mar. En cada punto, en todos ellos, uno a uno, se le escaparía lo mismo: el bloque en bloque. El descubrimiento de cada parte del mar, por contacto personal e individual con ella, lejos de descubrirle lo que lo mantiene se lo ocultaría sistemáticamente"[63].

    Sin embargo, García Bacca contempla dos métodos mediante los cuales la conciencia humana ha venido dando acceso tradicionalmente al Infinito, ambos de carácter sentimental: el sentimiento de angustia y la experiencia mística. Ambas vías, aunque diversas, coinciden en notar lo Infinito como "bloque" sustentador de la finitud. Coinciden, igualmente, en  valorar el estado habitual de la conciencia humana como inauténtico por ocultador de la verdadera y profunda realidad, así como en el hecho de que dicho estado puede y debe superarse.

    7.1. La experiencia mística.


    No duda García Bacca de la existencia de experiencias místicas ni de la autenticidad de los estados concienciales que durante las mismas se producen [64] : "la experiencia mística nos certifica de esta nueva y suprema posibilidad de la existencia humana. No sé si llegará algún tiempo en que sea manera normal de existir. Para ciertos hombres ha sido, durante ciertos momentos, una realidad; para otros, un poco más numerosos, resulta una incitación, se da como anhelo". De ella dice que es un "tipo de muerte, que voy a llamar por transcendencia" [65] , y que en palabras de Porfirio y Plotino caracteriza así: "experimentar la muerte como un "intento de reconducir lo divino que en nosotros hay a lo que de divino hay en el universo" (Vida Nº 11), como "huida de quien está ya en soledad de todo hacia el Solitario transcendente" (Enéada VI; Logos IX. final)" [66] .

    No comparte García Bacca, sin embargo, la interpretación teológica del fenómeno. Su análisis de los escritos místicos le lleva a sostener que en la experiencia mística no se vive a Dios (Qué) sino el "El Que, lo Absoluto, mal llamado Dios"[67]. El místico sincero y verdadero está en noche oscura de alma y potencias, de modo que  sólo puede decir de aquello que experimenta "Que es", notándolo cual "Absoluto". Lo Absoluto, por tanto, no sólo transciende el orden de las esencias (qué) sino, también el presencial o "que" al resultar un "Que" sustentador de los "que": sistencia suprema o "Bloque": Ab-solutum. "El Firme" (Plotino).[68]

    En el contacto místico el alma sufre una "disolución por absorción" en el Infinito[69], de ahí que García Bacca, para explicar tal estado, utilice frecuentemente el símil del grano de sal disuelto en el agua del mar: "disolución de finitud en infinidad. Terrón de sal en el mar"[70]. Puesto que en dicha forma de experimentar los místicos su relación con el Infinito se produce "una pérdida gradual de estructuras rígidas, individualizantes, de un difuminamiento de los límites que nos separan de lo otro"[71], tal vía no satisface las expectativas de quien quiere ser realmente Dios: "Las pocas experiencias fidedignas que de tal cumplimiento o contacto con el Absoluto ha recogido la historia dan la impresión de un contacto fundente, tal que se le funden al pobre hombre todas sus estructuras, le sobreviene una completa noche de potencias y sentidos"[72].

    Desde esta perspectiva, García Bacca considera que los místicos habidos hasta el presente son "divinos impacientes" [73] , es decir, "que por demasiada impaciencia de ser libres se han ido demasiado pronto, han roto las cadenas de todas las "cosas", cuando es preferible "reabsorberlas por transcendencia" [74] .

    Ser "divino impaciente" es, en el fondo, una forma de esclavitud que tiene su origen en un afán de liberación tal que los místicos disculpan perder su intimidad, su "yo", por disolución en la infinidad, lo que les impide ser libres de verdad, es decir, serlo con "posesión", con conciencia de serlo. En tales casos de liberación sin conciencia personal, por renuncia a uno mismo, sólo hay una liberación menor: por extroversión, con pérdida de sustancia, no por consolidación de la misma,[75] de modo que "al final de la experiencia, si se la pudiera llevar a cabo, no quedaría sino el bloque de la infinidad"[76].

    Así, pues, la prisa, la impaciencia, es el defecto radical que según García Bacca aqueja disimuladamente a toda mística habida hasta el presente; el mismo que de modo más claro afecta también a la religión, e incluso tienta a la filosofía transcendente: "Toda filosofía transcendente está expuesta, y sucumbe fácilmente, a la impaciencia: a la impaciencia de querer ser Dios demasiado pronto, de llegar a la unión divina"[77].

    Pero es que, además, las experiencias místicas son estados transitorios, de modo que tras ellas el hombre vuelve al estado inferior de finitud: "el hombre no pierde con el contacto místico su estructura transfinita; al menos no la pierde por ciertos tipos de contacto transitorio, cual se verifican en este mundo"[78].

    Por la ausencia de teología en su sistema, la no adscripción a religión alguna, y aunque no se libre de la prisa, Plotino es para García Bacca el prototipo de místico más puro y singular, y de ahí su especial consideración y atención hacia él en sus escritos[79].

    7.2. La experiencia filosófica.

    Tal como se vio, el entendimiento nada sabe del Infinito o "Bloque" en virtud de su constitución y actividad: definir, dividir, claridad y distinción..., pero se empeña en lo imposible, de ahí que García Bacca se refiera a él como "buscasingulares empedernido e incorregible"[80], y es que buscar "qués" es una forma de "in-sistencia", uno de los "vicios radicales del hombre"[81]. El entendimiento es el "superficializador de todo" pues pretende encontrar en el "qué" el Misterio o Bloque sustentador de la finitud; labor absurda similar a la del que intentando saber sobre la profundidad intentara capturarla recortando las superficies[82]. Pero "el misterio exige respeto, un peculiar respeto, a exigir ante todo el propio entendimiento"[83]. Y es que "cuando uno ha llegado a la cima de un monte tiene la impresión directa de la inaccesibilidad del cielo; cuando por cualquier proceso y método transfinito se ha llegado al ápice y culminación de lo finito, todo auténtico filósofo ha tenido parecida impresión, la impresión de que entre lo finito, aun sometido a una superación ascendente, y lo Infinito se abre un abismo, el que asegura la absoluta transcendencia de Dios"[84].

    No será función intelectual alguna, pues, la que nos descubra filosóficamente el Infinito, sino un sentimiento "óntico" privilegiado: la angustia[85].

    Según García Bacca, la angustia es testimonio de nuestra finitud, pero también de nuestro ansia y necesidad de infinitud: que somos "finitos con necesidad real y sentida de infinidad"[86]. Como la experiencia mística, pero de forma distinta, la angustia le descubre al ser humano su condición de ex-sistente, de ahí que diga: "comienza la transfinitud humana por saber "que" se da algo más allá del límite, o sea, a saber y notar su pura y nuda existencia"; "toda afirmación existencial es un presentimiento característico de la transfinitud humana".[87]

     Ahora bien, la experiencia filosófica del Infinito "no pasa a todos, ni cuando se quiere; no hay técnica que una vez aplicada tenga por efecto inevitable tal aparición", sino que es un "acontecimiento" de tipo "gracia, don, de un Absolutamente independiente, para cuya posesión no cabe hacer méritos de ninguna clase" [88] . Heidegger es, en opinión de García Bacca, quien mejor ha planteado filosóficamente este asunto, y no en vano llega a valorarle en cierto momento de su trayectoria intelectual como "el metafísico número uno de la filosofía moderna" [89] .

    Sin embargo, García Bacca no puede compartir la propuesta heideggeriana de trato con el Misterio, consistente en "sentirse sustentado por una infinidad en bloque, sin disolverse en ella, sin intentar asimilarla, sin pretender prescindir de ella"; "dejarse sustentar, mantener, flotar en ella, cual navío en el mar. Tratarse con ella en bloque, no con partes suyas"[90].


    En efecto, si bien este trato, al que García Bacca denomina "estar en el Ser"[91], exige "más respeto al pensamiento", y eso es algo en lo que el filósofo navarro está de acuerdo con Heidegger[92], no puede aceptar como suficiente el tipo de transformación que tiene lugar con este trato, pues no hay una cambio real en el ser sino sólo por "modalización" (transcendental), lo cual no llena las expectativas de la transfinitud en sus ansias de ser Dios[93].

    Esta discrepancia explica no sólo la imposibilidad por parte de García Bacca para aceptar la definición heideggeriana de filosofar: "Filosofar, dice Heidegger, es ponerse a esperar el advenimiento del ser, de la transcendencia, de la ascensión a infinidad"[94], sino también su concepción diametralmente opuesta.

    En definitiva, García Bacca considera que "tal comportamiento defiende, por una parte, los derechos de la infinidad, y, por otra, los de la finitud, sin que, con todo, la finitud prescinda de la infinidad"[95], pero que con él la transfinitud queda estancada en la angustia y la inoperancia.

7.3. Propuesta garciabacquiana: el movimiento transfinito (dialéctica).

    Como se vio, García Bacca concibe la posibilidad y la probabilidad de que el hombre se haga Dios, por lo que propone un trato con la Infinitud (lo Absoluto) distinto del místico y del filosófico. Un trato que denominaremos movimiento transfinito: "Leyendo muchos escritos de los finitistas o intuicionistas, se tiene la impresión de ver náufragos en el mar del infinito, agarrándose desesperadamente a unos pocos números enteros flotantes. Todo por no saber o no atreverse valientemente a nadar: a sostenerse en el Infinito por puro e ininterrumpido movimiento transfinito"[96].


    Frente a quienes consideran que lo infinito no es recorrible (filosofía griega y medieval), García Bacca argumenta que la física y la matemática presentan modelos que deshacen tal concepción: "Se puede recorrer paso a paso el infinito, si se le dan a uno "mimbres y tiempo", es decir: una ley conveniente, parecida a la de la inercia en física moderna"; "el principio de inducción matemática, transfinita (Cantor) o no", de modo que las multitudes se transformen en numerables. Del mismo modo, el único modo de recorrer el infinito sin reventones ni disoluciones es, según García Bacca, por pasos, lo cual permite tomar conciencia de lo Infinito conquistado: el procedimiento dialéctico.[97]

    El trato de movimiento transfinito propuesto por García Bacca consiste, en definitiva, en un proceso neta y supremamente dialéctico: "la dialéctica es una bicicleta ideal, en que todas las cosas -las más inertes, sólidas y resistentes, como los cuerpos, los números, las ciencias...- han sido convertidas en órganos de locomoción, capaces de un nuevo tipo de equilibrio, el cinético, capaces de tener dirección y sentido: dos matices reales sutilísimos, casi invisibles, pero que orientan y dirigen todo hacia Dios, hacia el Infinito. Que el proceso dialéctico sea, esencialmente, camino y estructura cinética nos los muestran los tipos de metáforas empleadas por Platón, la estructura del "de-a-hasta", los términos de peldaño e impulso"[98].

    Pues bien, en García Bacca ese recorrido o proceso se orienta hacia la síntesis progresiva de los dos estados del Infinito: Dios y Absoluto. Dios, en cuanto idea u Óptimo, deberá hacer de vector que dé sentido ascensional al movimiento dialéctico transformador del transfinito humano y, por su medio, a todo aquello sobre lo que actúe. Pero para ser eficaz, toda magnitud vectorial precisa de otra escalar adecuada en la que encarnarse. En el Absoluto-base del universo físico reside, por su parte, el mayor poder causal material y eficiente (escalar), pero su declive (caída entrópica) es progresivo y constante.


    Por ello, sólo una fuerza que sea capaz de remontar e invertir la corriente entrópica del universo puede enfrentarse al reto de unir esas dos manifestaciones complementarias de la divinidad. Una fuerza capaz de mediar entre lo Absoluto y Dios por participar de ambos aspectos. Tal mediador es, para García Bacca, la Vida bajo forma humana pues, en cuanto vida, es fenómeno surgido de la base del universo físico con la que comparte aspectos. Mas, en lo que tiene de humana, la vida imprime a su dinamismo contra-entrópico (ascendente) una orientación transcendente y transcendental de la que carece la base materio-energética.

    Considera García Bacca, además, que la vida humana ha hallado el modo potenciar su poder al inventar la técnica: "la Vida, de quien Inteligencia procede y de quien la técnica deriva"[99]. La estructura diléctica de la técnica, potenciada superiormente en la técnica "actual", le permite concebir al ser humano con más fuerza que nunca la esperanza de hacerser realmente Dios. El poder transfinitador de la vida encuentra en la técnica su "máquina" transustanciadora o auxilio instrumental (aspecto sacramental) adecuado para hacer real lo que el cristianismo "prefiguró": la unión hipóstatica del hombre con Dios mediante la transustanciación eucarística. Recuérdese: "toda la realidad se está transustanciando a manos y por virtud del hombre, el gran agente catalizador y autocatalizador del universo".

    Por todo ello, el pensamiento de García Bacca constituye, en realidad, un replanteamiento de la cuestión teológica, como muy acertadamente observa Alfredo Trendall:

"Se trata de inventar un plan, o proyecto, me responde el doctor García Bacca, e inventar los instrumentos que lo han hecho realmente posible, y hacer que la realidad se deje dominar por ambos, haciendo un mundo "a nuestra imagen y semejanza", lo cual encierra un grave o leve, intento de sacrilegio, pues según la filosofía clásica, Dios hizo el mundo a su imagen y semejanza. Y la física actual intentaría hacer o rehacer y re-crear el mundo a "nuestra imagen y semejanza", según nuestro proyecto y por medio de nuestros instrumentos: ciclotrón, betatrón, cosmotrón, etc. La física moderna, por tanto, impone con su plan categorial o re-creador, y con su eficacia, un problema teológico, o un replanteamiento del problema teológico."[100]

    No podemos atender aquí ya a todos estos aspectos, que son más bien anda-dura que propiamente preparación. Quede para otra ocasión. Pero hemos mostrado una ruta en esa montaña filosófica que es el pensamiento de Juan David García Bacca.[101]


8. Fragmentos-brújula.

    Traemos a continuación una serie de textos breves, de fragmentos en realidad, extraídos de algunas obras del autor navarro que puedan servir como marcas indicadoras de la dirección que toma ese camino que aquí tan sólo hemos señalado.

 "Lo transfinito del hombre es, pues, el fundamento de su transcendencia. De aquí sacaré más adelante la consecuencia de que la transfinitud del hombre es el origen de su transcendencia en todos los órdenes y de la trans-física o meta-física; que la metafísica sólo es posible como transcendencia y ésta como manifestación y efecto propio de una trans-finitud; y, por fin, que el filosofar sólo es posible como transfinitud o metafísica, como conocimiento transcendente" [102]

"Y esta correlación entre finito e infinito, a través de nuestra íntima transfinitud, es el filosofar en cuanto tarea vital, como empresa ontológica en que se descubre el logos o razón propia del hombre en cuanto ser (on), y el ser de todas las cosas. Hacer transfísica o metafísica es hallar para y en una cosa finita la tangente, el punto de evasión y de superación hacia el Infinito. Ni el estudio de la estructura de los sentidos, potencias intelectuales, valores, ni la sistematización ideológica de todo ello es, en rigor, algo transfinito y transcendente.  Podrá dar una óntica, un tratado del ser de las cosas, mejor, de la cosidad de las cosas; mas nunca una ontología, un conocimiento del logos del ser de las cosas. La ontología no es posible sino como transfísica o metafísica, y ésta sólo es realizable por una transfinitud en accionamiento del paso al límite Dios."Filosofar es someter lo finito al paso al límite Infinito en virtud de una potencia transfinita que descubre (phainesthai) y pone de manifiesto (verdad, aletheia), precisa y únicamente por virtud de esta transfinitud, su logos o razón de ser". El filosofar incluye, por tanto, una fenomenología y una ontología, ambas trabajando sobre una óntica como punto de partida". [103]

 

"Filosofar no sólo exige un ímpetu interior transfinito, una dirección en tal transfinitud hacia el Infinito, sino un procedimiento especial de superación (Aufhebung) ordenada de la finitud, de cada clase de límites para que tal superación conduzca, precisa y derechamente al Infinito, a Dios. Tal procedimiento transcientífico se llama dialéctica"[104].

 

"Toda auténtica filosofía incluye siempre un ápice o punta por la que apunta al Absoluto y por la que, cual por la punta de nuestros pararrayos, se nos descarga el Absoluto no bajo forma de luz, de calor o de electricidad, sino bajo las formas de Bondad, Belleza, Verdad, Unidad, Amor..., Y este contacto puntiforme con lo Transcendente -tipo de contacto diverso en Platón, en Plotino, en Santo Tomás, en Kant...-, constituye el ímpetu primero-primario de cada filosofía, ímpetu que se comunica a un solo elemento o copo de nieve -que es, por ejemplo, copo de nieve eidética en Platón, copo de unidad en Plotino, copo de Bondad en Kant...-, y que dará un movimiento original resultante con tendencia a englobar todo, a pasar por todo -diálogos, dialéctica; es decir, resulta una dialéctica". [105]

 

"Dios desaparece o es reabsorbido como creador a medida y por los pasos en que el hombre asciende a inventor, a productor. Que cada vez se pidan a Dios menos milagros no es tan sólo efecto de nuestro dominio de la técnica sobre la naturaleza; proviene de algo más hondo, tremebundo y duro de decir: de que a Dios le va drenando el técnico la virtud creativa; de que Dios, en cuanto creador, está en trance de muerte. La técnica "le sorbe los sesos" [106] .

 

"El Dios cristiano se objetiva (...) bajo la forma, no comprometedora para El, de huella, imagen; mas él no se ajena; los demás son los requeteenajenados. En un solo hombre se objetivó Dios real y efectivamente: en Jesús de Nazareth; en él Dios se sintió ser y fue otro: fue hombre de carne y hueso. Jesús, a su vez, se objetiva real y verdaderamente en el pan y vino consagrados; se hace él, Dios y hombre, otro: pan y vino, y quedan, por el mero hecho, expuestos -Jesús: Dios y hombre, pan y vino consagrados- a las leyes neutrales del universo, el natural, el artificial, el social y el económico, capitalista o no. (...) Todo esto no pasa de ser prefiguraciones de una objetivación y ajenamiento producido por el hombre, sido por él, -cual la alfombra mágica es prefiguración, hija conjunta de imaginación y deseos impotentes de volar. Al hacer acto de presencia en el mundo ese invento que es el avión, la alfombra mágica descendió a su lugar propio: a cuento de Las Mil y una Noches. (...) La encarnación de Dios creador en un individuo natural es la prefiguración de la encarnación social del trabajador humano, del hombre en cuanto, -ya, por fin...-, creador" [107] .

 "La técnica no es un procedimiento para inventar y usar aparatos (...) la técnica es la aventurada empresa inventada por el hombre de dar a todo un nuevo tipo de ser: el artificial..." [108] .

 

"plan o proyecto (...) de desvincular toda propiedad y función de su contexto natural, y hacer de cada una invento o artefacto (...) Tal proyecto es, de suyo, metafísico: transtornador y transmutador de lo físico o natural. Y entendido en esta amplitud y desmesura, no consta que sea realizable o posible antes de haberlo realizado. Y antes de tal realización o de su fracaso real, tampoco se puede demostrar que sea imposible. Luego la técnica moderna es, por el plan intrínseco que lleva, técnica metafísica. Y, al  revés, la metafísica actual no tiene sentido, real de verdad, sino como técnica: cual invento, o novedad de novedades. Ser y ente en plan de novedad"[109].

 

"En virtud de la técnica moderna se transustancia realmente la materia en luz, y luz en materia; se puede cambiar íntegramente, sin residuo, (...). Lo cual es posible porque, en rigor, el ente físico no es ente, sino ser; está inmediatamente disponible para cualquier tipo de realidad"[110].

 

"Todo lo cual, transustanciación física o eucarística, depende, en su posibilidad, de esa distinción entre ser y ente, de que he hablado. Si un ente fuera algo perfectamente hecho, definitiva y esencialmente especificado, no habría manera ni humana ni divina de cambiar una cosa en otra, sin pérdida o aniquilación o creación de entidad. Pero si el ente que creemos más estructurado y definido es en el fondo ser -es en realidad profunda un caos de realidad-, nada tiene de extraño que se le pueda dar, por potencia divina, o por poder humano, otra forma. La posibilidad de tal transustanciación o física, que estamos presenciando, o entitativa general, como la indicada por Santo Tomás y Cayetano, se funda precisamente —y lo dijo ya Santo Tomás, con todas las letras— en que todo es ser, y Dios es el dueño del ser, y de consiguiente de los entes" [111] .

 

"Ese "con qué y de qué", esa realidad en uno causa material y causa eficiente, se halla en, y es, el estrato nuclear, atómico, molecular de la realidad"[112].



[1] J. D. GARCÍA BACCA,, Invitación a Filosofar. Vol. I: La Forma del Conocer Filosófico, México, F.C.E., 1940, pp. 34-36. Existe versión electrónica en Internet: http://cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/106346470161170171323860/
[2] Op. cit., p. 36.
[3] Op. cit., pp. 11 y 23, respectivamente.
[4] Op. cit., p. 36.
[5] Op. cit., pp. 13-14.
[6] Cfr. todo ello en op. cit., pp. 37-38
[7] Op. cit., p. 38.
[8] Op. cit., pp. 12, 21, 23 y 33, respectivamente.
[9] Op. cit., pp. 132 y 38, respect.
[10] Op. cit., pp. 129 y 11 respect.
[11] Op. cit., p. 102.
[12] J.D. García Bacca, Platón. Fedro. Traducción, introducción y notas, Mexico, UNAM, 1945, p. LXXX.
[13] Invitación a filosofar, cit., p. 38.
[14] J. D.GARCÍA BACCA,, Existencialismo, Xalapa (México), Universidad Veracruzana, 1962, p. 235.
[15] Invitación a filosofar, cit., p. 39.
[16] Op. cit., p. 83.
[17] Cfr. op. cit., p. 17.
[18] Cfr. op. cit., pp. 255-261; GARCÍA BACCA, J. D.,  Introducción literaria a la filosofía, Caracas, Universidad Central de Venezuela, 19642, p. 326.
[19] Invitación a filosofar, cit., p. 41.
[20] Op. cit., p. 39.
[21] Cfr. op. cit., pp. 87-88.
[22] Op. cit., pp. 11-12
[23] Op. cit., pp. 86-87.
[24] Toma el término de Platón (cfr. op. cit., p. 83).
[25] Op. cit., p. 17.
[26] Op. cit., p. 3.
[27] Op. cit., p. 16.
[28] Op. cit., pp. 13-14.
[29] Op. cit., p. 27.
[30] Op. cit., pp. 10-11.
[31] J. D. GARCÍA BACCA, , "Programa esquemático para una historia filosófica de la idea de 'Hombre'", Revista Nacional de Cultura (Caracas) nº 94 (1952), p. 113.
[32] Cfr. vg., J. D.GARCIA BACCA,, "La importancia de ser filósofo", Filosofía y Letras (México) XIX.37 (1950), p. 75; "Los puntos sobre las es. Valor vital de las ideas. Fé, razón y misterio. II", Asomante (Puerto Rico) nº 4 (1952), p. 8.
[33] "La importancia de ser filósofo", cit., pp. 75-76.
[34] "Fe, razón y misterio", cit., pp. 8-9.
[35] Op. cit., p. 8.
[36] Op. cit., p. 8.
[37] Cfr. "La importancia de ser filósofo", cit., p. 77.
[38] J. D. GARCÍA BACCA, , Metafísica natural estabilizada y problemática metafísica espontánea. México, F.C.E., 1963, p. 254.
[39] "Fe, razón y misterio", cit., p. 9.
[40] Cfr. op. cit., pp. 9-10.
[41] Considera García Bacca que es Heidegger quien ha sabido dar sentido filosófico al tema (cfr. "La importancia de ser filósofo", cit., p. 81).
[42] Según García Bacca, en función de la atmósfera intelectual y sentimental del sujeto, el Absoluto será vivido con sentidos diferentes: "El entendimiento humano, a su vez, lo más que puede hacer para superar su finitud es terminarse en punta; y en la punta dialéctica termina el entendimiento en cuanto entendimiento, en cuanto ojos. Y la punta intelectual, el ápice mental, no dice ni ve sino lo que "es", el aspecto de "ser" de un objeto. Por eso, al caer el hombre del abrazo y contacto con el Absoluto sobre la punta del entendimiento, surge por vez primera y como primera formulación un acto mental, el ápice de todos los actos intelectuales; y si ese ápice aguzado por la dialéctica es "ser" verá y dirá el entendimiento que lo Absoluto es "ser"; si es Belleza, dirá que lo Absoluto es Belleza; si tal ápice es de Amor, verá el entendimiento que Dios es Amor. Pero en rigor, Dios no es ni uno ni trino, ni abstracto ni concreto, ni Amor ni Idea, ni Ser ni Belleza, sino todo eso junto y sublimado, superado, transcendido por manera absolutamente transcendente para nosotros los pobres transfinitos, pobres a pesar y en virtud de nuestra transfinitud" (Invitación a filosofar, cit., p. 64).
[43] "La importancia de ser filósofo", cit., pp. 75-76.
[44] J. D. GARCÍA BACCA, Sobre Filantropía. Tres ejercicios literario-filosóficos, Anthropos, Barcelona, 2001, p. 156. Para mayores detalles, cfr. Nueve grandes filósofos contemporáneos y sus temasBarcelona, Anthropos, 1990, el capítulo dedicado a Whitehead. También Aretzaga, Roberto,La filosofía de la técnica de Juan David García Bacca (Tesis doctoral), Bilbao, Universidad de Deusto, 1999, el capítulo 2: "Técnica y universo: causalidad y sustancia". Hay disponible edición electrónica de la tesis en Internet (http://www.uca.edu.sv/facultad/chn/c1170/raind.html), El Salvador, Universidad Centroamericana "José Simeón Cañas" (UCA), 2001.
[45] J. D.GARCÍA BACCA,"Filosofar en universal y filosofar en español ", Revista de las Indias (Bogotá) 25.79 (1945), p. 72.
[46] Cfr. J. D.GARCÍA BACCA, Introducción general a las Enéadas, Buenos Aires, Losada, 19482, pp. 9-10 y 127. Sobre la formación o constitución de lo divino de Dios, cfr. Invitación a filosofar, cit., pp. 4-9.
[47] Invitación a filosofar, cit., 57.
[48] Cfr. Introducción literaria a la filosofía, cit., pp. 59-60.
[49] Presente, pasado y porvenir de Marx y del marxismo, México, F.C.E., 1985,2, p. 97.
[50] Introducción literaria a la filosofía, cit., p. 17.
[51] Existencialismo, cit., p. 26.
[52] Cfr. op. cit., p. 267.
[53] Op. cit., pp. 277 y 260, respect.
[54] Op. cit., p. 268.
[55] Sobre las razones de García Bacca para considerar erróneos tanto el teísmo como el ateísmo, cfr. vg. Invitación a filosofar según espíritu y letra de Antonio Machado, Barcelona, Anthropos, 1984, pp. 173-174; Existencialismo, cit., p. 260.
[56] Cfr. vg. BEORLEGUI, C., "El panteísmo antropológico de J. D. García Bacca", Religión y Cultura (Madrid) XXXIX.187 (1993), 525-555.
[57] Hemos acuñado esta expresión tomando como fundamento lo referido por el hijo de García Bacca, Francisco García Palacios, al responder a una pregunta del público asistente a su conferencia durante el Congreso Internacional celebrado en Bilbao el pasado mes de octubre, que inquiría sobre la creencia personal de García Bacca en Dios. Francisco comentó que en cierta ocasión oyó a su padre definirse a sí mismo como "pagano".
[58] Presente, pasado y porvenir de Marx y del marxismo,  cit., p. 123.
[59] García Bacca distingue entre "racional" y "razonable" (cfr. "Programa esquemático para una historia filosófica de la idea de 'Hombre'", p. 119), que es diferencia que remite a la que hay entre racionalismo y razón (cfr. Nueve grandes filsofos contemporneos y sus temas, cit., p. 138).
[60] Introducción literaria a la filosofía, cit., p. 17.
[61] J. D. GARCÍA BACCA., Filosofia y teoría de la relatividad, Valencia, Cuadernos Teorema, 1979, p. 290.
[62] Cfr. "La importancia de ser filósofo", cit., p. 83.
[63] "Fe, razón y misterio", cit., p. 8.
[64] Introducción General a la Enéadas, cit., pp. 76-77.
[65] Op. cit., p. 107.
[66] Op. cit., p. 147
[67] Op. cit., p. 70.
[68] Cfr. op. cit., pp. 51-52 y 55-56.
[69] "La importancia de ser filósofo", cit., p. 72.
[70] Existencialismo, cit., p. 197. Cfr. también Introducción General a las Enéadas, cit., pp. 9-10; "La importancia de ser filósofo", cit., p. 72.
[71] "La importancia de ser filósofo", cit., p. 72.
[72] "Las flores y la Flor; la Filosofía y las filosofías". Cuadernos Americanos (México) nº 1 (1944), p. 83.
[73] Introducción General a las Enéadas, cit., p. 20.
[74] Op. cit., p. 15.
[75] Cfr. op. cit., pp. 14-15.
[76] Existencialismo, cit., p. 197.
[77] Introducción a las Eneádas, cit., pp. 44-45.
[78] Invitación a filosofar, cit., p. 119.
[79] Cfr. Introducción General a las Enéadas, cit., pp. 10 y 20; J. D. GARCÍA BACCA, , Plotino: Presencia y experiencia de Dios (Selección de textos). Traducción y notas. México, Ed. Séneca, 1942. Edición electrónica: http://www.garciabacca.com/libros/plotino.html
[80] "La importancia de ser filósofo", cit., p. 81.
[81] "Fe, razón y misterio", cit., p. 7.
[82] Cfr. op. cit., p. 9.
[83] Op. cit., p. 10.
[84] Invitación a filosofar, cit., p. 57.
[85] "Óntico" es término con el que García Bacca designa los sentimientos descubridores de la finitud humana: su "consignación a universo" o facticidad. Los animales no los poseen, de modo que no puede percatarse de su finitud (Cfr. Existencialismo, cit., p. 57).
[86] Cfr. lo dicho en "La importancia de ser filósofo", cit., pp.  69-72.
[87] Invitación a filosofar, cit., pp. 129 y 134, respect.
[88] "La importancia de ser filósofo", cit., p. 84.
[89] Op. cit., p. 71.
[90] Op. cit., pp. 79 y 80, respect.
[91] Op. cit., p. 81.
[92] Cfr. op. cit., pp. 65-66.
[93] Por esta razón, como conclusión de su crítica a Heidegger, dirá García Bacca: "En total no pasa nada en firme y en grave. La metafísica se reduce a una ontología realmente inofensiva, como no puede menos de serlo por su procedencia kantiana inmediata" (Nueve grandes filósofos contemporáneos y sus temas, cit., p. 183).
[94] "La importancia de ser filósofo", cit., p. 67.
[95] Op. cit.,  p. 81.
[96] Invitación a filosofar, cit., pp. 176-177.
[97] Cfr. todo lo dicho en "La importancia de ser filósofo", cit., pp. 67-69.
[98] Invitación a filosofar, cit., p. 56.
[99] Introducción literaria a la filosofía, cit., p. 11.
[100] A.TRENDALL,"Diálogo filosófico con el doctor García Bacca", Bolívar (Bogotá), nº 34, (1954), p. 700.
[101] Sobre estos aspectos, cfr. vg. J. D.GARCÍA BACCA, Antropología y ciencia contemporáneas, Barcelona, Anthropos, 1983; "Sobre el fondo filosófico de algunas teorías de biología matemática", Theoria (Madrid),nº 3-4 (1952-53), pp.113-120; Nueve grandes filósofos comtemporáneos y sus temas, cit.; Elogio de la Técnica, Barcelona, Anthropos, 1987; Tres ejercicios literarios filosóficos de antropología, Barcelona, Anthropos, 1984. Todo ello se halla amplia y sistemáticamente recogido y expuesto en Roberto Aretzaga Burgos, La filosofia de la técnica de Juan David García Bacca, cit.
[102] Invitación a filosofar, cit., p.23.
[103] Op cit.,pp. 25-26.
[104] Op. cit., p. 26.
[105] Op. cit., 81.
[106] Presente, pasado y porvenir de Marx y del marxismo, cit., p. 97.
[107] Curso sistemático de filosofía actual (Filosofía, ciencia, historia, dialéctica y sus aplicaciones), Caracas, Universidad Central de Venezuela, 1969, pp. 344-345.
[108] J. D.GARCÍA BACCA, "Ciencia, técnica, historia y filosofía en la atmósfera cultural de nuestro tiempo", Boletín informativo del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (Caracas),nº 2 (1966), p. 16.
[109] Metafísica, cit., p. 186.
[110] Antropología filosófica contemporánea, Barcelona, 1982, p. 61.
[111] Idem sup.
[112] Elogio de la técnica, cit., p. 67.