Ciencia, Técnica, Historia y Filosofía
en la atmósfera cultural de nuestro tiempo
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Nuestra
vida corporal discurre, de ordinario, sobre
la tierra y dentro del aire.
La tierra es casi íntegramente posesión de alguien: individuo o Estado.
Es, dícese en Economía, un bien con precio, y precio alto. El aire —por
ahora—, es un bien inapreciable, es decir: sin precio ni fijado ni fijable
o por la graciosamente llamada democracia del mercado o por una Autoridad,
con más poder bruto que gracia y eficiencia.
Ahora
se sabe que el aire es una mezcla de oxígeno y nitrógeno, sobre todo;
y, en pequeñas dosis, de vapor de agua, argón, neón, helio... Eso nos
lo dice la ciencia físico-química.
La vida nos dice que el aire es atmósfera;
palabra griega que, vertida al lenguaje corriente, significa: esfera
en que respiramos. Tal es su función vital; y tal lo ha sido para el
hombre, probablemente desde hace un millón de años, sin cambio apreciable
de composición. Mas que el aire sea una mezcla de gases, de
cuáles y cuánto de cada uno es descubrimiento de la ciencia, y no debe
datar de mucho más de un siglo.
La
mente, alma o espíritu del hombre vive dentro de otra atmósfera. Son
casi coetáneos el descubrimiento de la composición física de la atmósfera
material, y el de esa atmósfera del alma que se denomina "cultura
de una época" o "concepción del universo".
Saber de qué se compone, y en qué proporción y cuáles son sus
cambios, tempestuosos o cotidianos, es todavía más moderno descubrimiento.
Démosle un nombre al descubridor: el de Dilthey. Hasta él respiró cada
época de manera inmediata, inconsciente, global, cual los pulmones el
aire, su concepción del universo, su atmósfera cultural; mas no supo
ni qué era ni de qué se componía. La respiraba; no lo sabía; le faltaba
algo así como la físico-química de su cultura.
Nuestra
alma o espíritu cambia muchísimo más y más radicalmente que nuestro
cuerpo. En un millón de años
la atmósfera física no se ha alterado notablemente, pero la atmósfera
cultural se ha transformado al menos seis veces; o por la introducción
de nuevos elementos o por cambio en la dosificación de los preexistentes.
Cambios equivalentes, dicho en lenguaje físico, a los de introducir
en la composición del aire vapor de oro, o invertir la dosificación
de nitrógeno y oxígeno, 20 por ciento para el primero y 78 para el segundo.
Componentes
formales de nuestra atmósfera
cultural son ciencia, técnica, historia, filosofía, teología, derecho, arte. .. ¿Cuál
es la dosificación típica de todos ellos en nuestra época, o sea, cuál es la composición de nuestra atmósfera cultural?
Los tantos por ciento en que voy a hablar no poseen, claro está, más que un valor simbólico. Y, por supuesto, lo que se dirá es más bien planteamiento que pretensiones de definitiva respuesta.
Nuestra concepción del universo, nuestra atmósfera cultural o el aire de nuestro espíritu se compone de un cuarenta por ciento de ciencia,
de un treinta por ciento de técnica; de un diez por ciento de historia;
de un siete por ciento de filosofía; de un cinco por ciento de derecho;
de un cuatro por ciento de arte; de un dos por ciento de teología, y
dejemos un dos por ciento para otros elementos. En otras épocas —en
la medieval, por ejemplo—, la dosis de teología debió ser el ochenta
por ciento; un cinco por ciento para la filosofía, "esclava de
la teología", y un mediecito por ciento para ciencia...
Atmósfera de gases asfixiantes fuera para medievales nuestra
atmósfera; y para nosotros, la suya.
Es,
por tanto, de decisiva importancia saber qué
es ciencia, técnica, historia y filosofía —los demás componentes
que "perdonen por Dios". Un poco por justicia y otro poco
por urbanidad se les hará el debido acatamiento a lo largo de estas
líneas. Y comencemos con el tema "qué
es ciencia", el oxígeno de nuestra atmósfera cultural.
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