Ciencia, Técnica, Historia y Filosofía
en la atmósfera cultural de nuestro tiempo
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I ¿QUE ES CIENCIA, COMO PRIMER Y PRIMARIO ELEMENTO DE NUESTRA ATMOSFERA CULTURAL? |
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¿Qué es ciencia para nosotros; para nosotros los hombres del siglo veinte? Qué fue o qué entendieron por ciencia griegos, medievales, renacentistas; es cuestión de historia a la que hemos dado un discreto diez por ciento, frente al setenta por ciento de ciencia y técnica actuales; y qué será ciencia para los hombres del año tres mil, del treinta mil, del trescientos mil, del tres mil millones, es cuestión de superprofecía, y no nos corre prisa decirlo, fuera de la advertencia de ser modestos y cuidarnos de no hacer el ridículo con pretensiones epocolátricas o egolátricas.
Ciencia es, para nosotros un ideal: el ideal de conocimiento teórico, técnico, ontológico, fenomenológico, objetivo y sistemático.
Por lo pronto a todo campo de conocimiento y acción le ha entrado la obsesión de ponerse en regla con la ciencia. Biología, economía, sociología. .. biblioteconomía, periodismo, folklore. .. aspiran a ser ciencia; y a ratos, se creen serlo ya. Y ostentan, con pretendida inocencia o con discreta complacencia, estadísticas, formulitas, fórmulas, conceptuaciones y axiomáticas incipientes. . ante la corte suprema científica presidida desde hace siglos por las Matemáticas, acompañadas; ahora de física y lógica. A la filosofía actual también le ha entrado tal "complejo"; y se habla de la filosofía cual de la ciencia por excelencia y eminencia, frente y sobre las demás ciencias que, desgraciadas, no saben, aun siendo ciencia, ni lo que son, ni lo que deben ser.
Las pretensiones son de lo más barato que hay; y con bien poco se suelen contentar los pretenciosos o pretendientes a la mano de Ciencia. Caigamos en cuenta de por lo poco que se dan a sí mismos el título de científicos y se meten a hablar de ciencia, de crisis de la ciencia... comparando todo ello con lo muchísimo que incluye el ideal actual de ciencia, ideal de los científicos en serio, a tiempo completo y de por vida.
Tomar el conocimiento por ideal según el cual organizar íntegramente la vida es empresa de nuestros días –los que van creciendo en duración desde el Renacimiento. Antes, en el pasado inmediato, el ideal de la vida humana lo constituía la salvación del alma, a lo largo de la peregrinación por un valle de lágrimas. El conocimiento modelo o ideal era la teología, su fondo, la fe; y su altavoz, la autoridad. Así que acción salvadora frente a conocimiento de la realidad. Hay un conocimiento práctico de la realidad –el que dan los sentidos naturales, el que de lo que de ellos dan abstrae idea y conceptos, en unos; en otros, saca experiencia, hace expertos hábiles, artesanos diestros; proporciona recetas, procedimientos, trucos y mañas, secretitos de oficio...; por sobre él el hombre inventó el conocimiento teórico, o de lo real por medio de teoría y de teoría para conocimiento de lo real, y conocido lo real por teoría, dominarlo. Nada de teoría pura, contemplativa, abstracta cual ideal final, o visión eterna de la Verdad–Dios; sino teoría para saber qué es una cosa y, sabido el qué es, aprovecharla, transformándola o no, para que sirva al hombre. A esta fusión entre teoría y práctica llamémosla tecno–logía; y al sabio tecnólogo. Y ahí están esos ejemplares de tal fusión teórico –práctica que se llaman física, química... o arquitectura moderna; y esotros aspirantes a ella, cual economía, biología. Lo más fino de las matemáticas y lógica –lo teórico, por excelencia– ha pasado a ser teoría de lo físico, de lo real, y teoría directora de la técnica, de la praxis ordenada, planificada, lejos ya del abigarramiento y bazar de inventivas, ocurrencias, trucos, recetas de aquellos tiempos en que conocer era, cuando más, ideal de una parte del hombre: la destinada –decíase– a vivir en otro mundo, ya desde éste; y no era el ideal del hombre íntegro y real que lo es ya, el de este mundo y de un mundo ya para él. Así que el ideal moderno de ciencia excluye por igual el conocimiento abstracto y el empírico; incluye el teórico – técnico. Primer y segundo componente. El ideal de ciencia actual exige conocimiento teórico – técnico ontológico; prescinde, por ello del conocimiento valoral o axiológico. Es decir: de toda valoración o enjuiciamiento religioso, moral o estético. Prescinde de ellos; no los niega ni los impugna, si ellos no se entrometen en el campo de la actitud e instalación científicas. La teología ocupó el campo de la astronomía hasta Galileo, en parte por impotencia de la filosofía, esclava de la teología, y, en parte, por la deficiencia multisecular de la ciencia y técnica física. Por ello se podía hablar de opiniones astronómicas, heréticas, próximas a herejía... Galileo colocó cuestiones como "cuál es el centro del mundo, si el sol se mueve o no, si se mueve o no la tierra, si los astros son cuerpos corruptibles o incorruptibles, si cielo es cielo o cielo es como la tierra...", los colocó, digo, en nivel ontológico: el de qué es la realidad, y prescindía del axiológico valorativo moral y religioso. Con él se inaugura oficialmente ese componente del plan científico moderno: conocimiento teórico – técnico ontológico. Primero, sepamos qué son las cosas; después veremos si sirven o no para vida eterna, para dar razón a la Biblia y para merecer la aprobación de moralistas...Mas a medida que se ha ido sabiendo con conocimiento teórico – técnico qué son las cosas, el para qué de ellas ha resultado ser el hombre, y no la vida eterna, la moral natural. ..; todo ello, eso sí, sometido al hombre. El conocimiento teórico–técnico ontológico es antropológico. La ciencia versa ya sobre qué son las cosas, mas de modo que lo que ellas son, lo sean efectivamente, para el hombre. Van tres componentes.
El ideal de ciencia abarca un nuevo componente; el fenomenológico. El ideal de la ciencia, dícese con otra palabra más usada, es la Verdad. Pero hay que ver qué de cosas entiende la gente por verdad, por esa palabra que tanto llena la boca, y que se la pronuncia con indisimulable retintín de amenaza y mazazo final decisivo. Verdad es lo que una cosa tiene de patente o de manifiesto ante sentidos y entendimientos; se opone, pues, a oculto, a oscuro y penumbroso. Pero lo que sin más o naturalmente ostentan ante nosotros las cosas –desde aire, por tierra, a dos, a hombre, a sol...–, es lo más insignificante: minucias y perifollos. Será tan patente cuando queramos la luz –tan fenómeno cuanto se quiera, dicho en griego–; mas lo que nos manifiesta la luz de sí oculta lo que ella es; y con grandes dificultades se ha llegado a saber que luz es, realmente, movimiento ondulatorio transversal de un campo electromagnético cuya energía se condensa en fotones. Eso es realmente; y por saber que lo es, el hombre que lo descubrió puede producir luz. La verdad de la realidad no es lo que ostenta, lo evidente; es lo que el hombre ha conseguido, por inventos que ostenten las cosas. El ideal de ciencia actual es fenomenológico real; hacer aparecer lo que las cosas son, ocultado por ellas mismas bajo la forma de sus apariencias o parenciales inmediatos o naturales. Ciencia actual es, por eminencia, ontología fenomenológica real, cosa que no lo es la así llamada y cacareada por tantos filósofos. Van cuatro componentes del ideal definidor de la ciencia actual. Sea el quinto: objetivo. Por él se descarta la subjetividad, la conciencia, el yo, el tú: Yo Galileo, Yo Leibniz, Yo Newton... Yo Einstein...Cuando se habla, porque está en el ambiente, de la objetividad de la ciencia, todos entendemos ya, que por él se excluye el que el yo –así sea el de Platón, el del Papa reinante, el de Oppenheimer, el de Gauss o Riemann–, entre cual uno de los componentes necesarios y propios de una afirmación, teorema o axioma científicos. En las frases "el teorema de Pitágoras", "la teoría de la relatividad de Einstein. .." mencionar tales nombres ilustres no pasa de ser un acto de deferencia histórica, no un paso de la demostración. Pero esta interpretación de "objetivo" es mucho menos importante que esta otra: objetivo es imparcial, frente a esas actitudes y malas costumbres humanas de parcializarse, cual en política, religión, arte.. .; sean actitudes y hábitos de individuos sueltos, o de corporaciones, de Iglesias o de Estados. La ciencia no es de nadie. Sus adquisiciones son de todos por igual, sea cual fuere su moral, formas políticas, religiosas. La ciencia, o conocimiento teórico–técnico–ontológico– fenomenológico es un bien de la Humanidad. Cumple, sin pretencioso de exhibicionismo, lo del Evangelio: "el sol sale por igual para justos y pecadores, y el cielo llueve por igual sobre buenos y malos". En una tercera acepción, objetivo descarta secretismo. Si la circunferencia pudiera, en un momento dado, ocultarnos alguna de sus propiedades o escamotearnos algunos de sus puntos; si al protón pudiera darle la gana de no' descubrir la masa gravitatoria, es decir: pudiera pesar o no pesar, si lo quiere, no sería posible la ciencia. Lo real no tiene secretos; lo oculto no esta ocultado. Lo real es leal, decía Einstein. La ciencia no tiene secretos y se trata con una realidad que tampoco los tiene. De ahí que la sensación de seguridad que da la ciencia al científico sea el gran sustituto de fe y de confianza. Por fin: la ciencia actual completa el acorde de los componentes de su Ideal con el de "sistemático". Negativamente excluye de sí el enciclopedismo, diccionarios, índices, tarjeteros. Todo puede hallarse en una enciclopedia, por orden alfabético; y el mismo libro suele darnos la misma materia en forma sistemática en el texto y en forma alfabética al final, en sus índices. Todo ello: enciclopedias, etc., son instrumentos precientífícos. Sistemático excluye erudición y eruditos, aficionados, marisabidillos y señoritos. Pero exige positivamente orden: un orden tal que abarque todo. Muchos procedimientos ha inventado la ciencia para imponer orden a esa llovizna tropical –continua y variada– de datos, curiosidades, ocurrencias, recetas, atisbos, hallazgos, afirmaciones, aparatos, que cae sobre sentidos y mente desde hace siglos. Menciono cinco: imponer orden, o sistematicismo, por la correlación de principio a principiados (axiomas a teoremas), por los de causa–efecto, elementos–todo, abstracto–concreto, naturifacto–constructo. Son los grandes modelos o moldes para dar a los diversos tipos de cosas sistematicismo de orden interior. De esos moldes han salido las cosas matemáticas con estructura de ciencia de principios; las físicas, con la de causa–efecto, y así de las demás.
Tales procedimientos o moldes realizan, cada uno a su manera, el ideal de sistematicismo.
Cuando empleamos, pues, la palabra de Ciencia no la tomemos en vano o en vago. Es un tipo de conocimiento teórico–técnico, ontológico, fenomenológico, objetivo y sistemático, obtenido según alguno o algunos de cinco modelos.
Cuando oigáis o leáis que ciencia es "conocimiento de las cosas por sus causas o principios" recordad que es una verdad a medias o en una cuarta o quinta parte, y que se le escapa lo decisivo: Ciencia es un ideal; un acorde de seis notas, de seis exigencias extremadas. Si suena a la vez, y en su debido tono, ciencia será ciencia actual: uno de los componentes de la atmósfera cultural de nuestra época. |