Disertaciones Latinas de Kant
Traducción:Juan David García Bacca
| SECCIÓN
SEGUNDA
DIFERENCIA
ENTRE SENSIBLE E INTELIGIBLE,
EN GENERAL § 3 |
| Sensibilidad es receptibilidad de un sujeto, por la cual le es posible el que su estado
representativo sea afectado de
alguna manera por
la presencia de algún objeto.
Inteligencia (racionalidad)
es facultad de un sujeto por
la cual puede representar lo que, por su calidad, no puede entrar en
sus sentidos. El objeto de la sensibilidad es lo sensible; mas el objeto
que contenga solamente lo que se haya de conocer por la inteligencia,
es lo inteligible. A lo primero se llamaba antes en las escuelas fenómeno; a lo segundo, número.
El conocimiento, en cuanto sujeto a las leyes de la sensibilidad, es
sensitivo; el sujeto a las leyes de la inteligencia, es intelectual, o sea: racional.
§ 4 Dependiendo,
pues, todo lo que haya de sensitivo en cualquier conocimiento de la
especial índole del sujeto —en cuanto que es capaz de una u otra modificación
por la presencia del objeto, capacidad variable que, en diversos sujetos,
puede ser diversa, mas
cuando un conocimiento esté exento de tal condición
subjetiva no se refiere sino al objeto— es patente que lo sensitivamente
conocido es representación de las cosas como aparecen; mas lo intelectualmente conocido, lo es de ellos tal cual son. Mas en la representación
del sentido hay, primero, algo que llamarías materia, a saber: sensación;
además, algo que podría denominarse forma,
a saber: la especie de lo
sensible que delata la manera cómo las variadas cosas que afectan a
los sentidos son coordinadas por una cierta ley natural del ánima.
Pues bien: a la manera como la sensación, que constituye la
materia de la representación sensitiva,
es argumento, por cierto, de la presencia de algo sensible, aunque,
en cuanto a la calidad dependa de la naturaleza del sujeto, en cuanto
modificable por tal objeto, así también la forma de esa representación
da testimonio de la forma de un cierto respecto o relación
de los sentientes; mas propiamente no es silueta o esquema alguno del
objeto, sino una cierta ley ínsita en la mente por la que coordina para
sí misma lo sentido, con ocasión de la presencia del objeto. Porque
los objetos no hieren los sentidos por su forma o especie; así que,
para que las variedades en los objetos que afectan al sentido se unifiquen
en un cierto Todo, hace falta un principio interno de la mente por el
que tales variedades adquieran especie, según leyes estables e innatas.
§ 5 Así que al conocimiento sensitivo pertenecen tanto la materia,
que es la sensación —y por la cual
los conocimientos se llaman sensibles—, como la forma por la cual —aun
cuando se halle sin ninguna sensación—
las representaciones se
denominan sensitivas.
Respecto de la otra parte: lo intelectual, hay que notar ante todo y bien que el uso del intelecto
o facultad del alma superior es doble: por el primero se le dan los conceptos mismos de las cosas
o de las relaciones; tal es el uso real.
Por el posterior, empero, los
conceptos dados, sea
como fuere, se subordinan
solamente entre sí, a saber: los inferiores a los superiores (por las
notas comunes) y se correlacionan unos con otros según el principio
de contradicción.
Tal uso llámase lógico.
Tal uso lógico del intelecto es común a todas las" ciencias; mas
no lo es el real. Porque un conocimiento, dado sea de la manera que
fuere, se lo considera o bien como contenido bajo una nota
común a muchos o como opuesto a otro, y esto inmediata y próximamente,
como sucede en los juicios
para un conocimiento distinto, o mediatamente como en los raciocinios para un conocimiento adecuado.
Dados,
pues, conocimientos sensitivos, se los subordina sensitivamente —por
medio del uso lógico del intelecto— a otros sensitivos, cual a conceptos
más comunes; y los fenómenos, a leyes más generales de fenómenos.
Empero
es máximamente importante aquí haber notado que se han de tener por
sensitivos los conocimientos siempre que se los trate con el uso lógico
del intelecto, porque se llaman sensitivos por su génesis;
mas no por su referencia a
identidad u oposición. De aquí que no sean en nada menos sensibles las
leyes empíricas generalísimas; y que las formas sensitivas que se hallan
en geometría, los principios (relaciones determinadas dentro de un espacio),
—aun cuando el intelecto verse sobre
ellos, argumentando a partir de lo sensiblemente dado (mediante intuito
puro) según las leyes lógicas— no se salgan, a pesar de todo, de la
clase de lo sensible.
Empero en lo sensible y fenómeno lo que antecede al uso
lógico del intelecto se llama apariencias; mas el
conocimiento reflexivo que proviene de la comparación intelectual
de muchas apariencias se denomina experiencia. Así que no hay camino desde
apariencia a experiencia sino mediante la reflexión según el uso lógico
del intelecto. Los conceptos comunes de la experiencia se denominan
empíricos; y los objetos, fenómenos; mas las leyes, tanto de la experiencia
como en general de todo conocimiento sensitivo, se llaman leyes de fenómenos.
Así que los conceptos empíricos no
se hacen, por sólo llevarlos a mayor universalidad, intelectuales en
sentido real, y no se salen
de la especie de conocimiento sensitivo; sino que, por mucho que asciendan
en abstracción, permanecen indefinidamente sensitivos.
§ 6 En
cuanto a lo atinente a lo estrictamente
intelectual, donde el
uso del intelecto es real tales conceptos:
tanto los de objetos como los de relaciones son dados por la naturaleza
misma del intelecto, no se los abstrae por uso alguno de los sentidos,
ni contienen forma alguna de conocimiento sensitivo, propiamente
tal. Mas es necesario aquí
notar la máxima
ambigüedad de la
palabra abstracto. A fin de
que no manche nuestra disquisición sobre lo intelectual, creo débesela
limpiar antes cuidadosamente. A saber: habría de decirse propiamente
"abstraer de algo"; no, abstraer algo. Lo primero indica que en cierto concepto no atentamos contra otras
cosas que de una manera u otra tengan nexo con él; lo segundo indica
que no existe sino en un concreto, y así no existe si no se lo separa
de lo unido en él. De aquí que un concepto intelectual abstrae
de todo lo sensible; mas no
es abstraído de lo sensible; y tal vez más correctamente se lo llamaría
abstrayente que abstracto.
Por lo cual es más aconsejable llamar ideas puras a los conceptos intelectuales; mas a los conceptos que están dados tan sólo empíricamente, denominarlos abstractos.
§ 7 Por
lo cual se ve que se expone malamente lo de sensitivo por lo de conocido
confusamente; mas lo intelectual, por aquello
cuyo conocimiento sea distinto;
porque tales diferencias son puramente lógicas y sencillamente no tocan lo dado que hace de base a toda
comparación lógica: que lo sensitivo puede ser grandemente distinto;
y lo intelectual, máximamente confuso.
Notamos primeramente en ese prototipo de conocimiento sensitivo
que es la geometría; y después,
en el órgano de todo lo intelectual que es la metafísica, cuánto se trabaje en ésta para disipar las nieblas de
confusión que ofuscan al intelecto
común; aunque está patente que no siempre el resultado
sea aquí tan feliz como en el primer caso.
No obstante cada uno de estos conocimientos defiende el
signo distintivo
de su propio origen; que los primeros, por muy distintos que sean, llámanse
por su origen sensitivos; los posteriores, aun confusos, permanecen
intelectuales, cuales son, vgr., los conceptos morales, que no son conocidos por experiencia, sino por el mismo intelecto
puro.
Mas temo que el ilustre Wolff, por haber hecho puramente lógica
la diferencia entre lo sensitivo y lo intelectivo —instituida por la
antigüedad para hablar de la índole
de fenómenos y noúmenos— no la haya abolido, con gran detrimento de la filosofía,
y haya desviado los ánimos de tal indagación hacia casi siempre minucias
lógicas.
Metafísica
es filosofía primaria que
contiene los principios del uso del intelecto
puro. Mas es ciencia propedéutica para quien enseñe la diferencia
entre conocimiento sensitivo e intelectual; de lo cual exhibimos un
espécimen en esta nuestra disertación.
Por no hallarse, pues, en metafísica principios empíricos, obviamente
no hay que buscar sus conceptos en los sentidos, sino en la naturaleza
misma del intelecto puro; no como conceptos connatos,
sino abstraídos de las leyes ínsitas en la mente (atendiendo a sus acciones
con ocasión de la experiencia); por tanto,
adquiridos. De este
genero son posibilidad, existencia, necesidad, sustancia, causa, etc.,
con sus opuestos o correlatos- que,
no entrando jamás cual partes en representación alguna sensible, no
hay manera de abstraerlos de ella.
§ 9 El fin de lo
intelectual es, sobre todo,
doble: el primero el elénctico,
por el cual lo intelectual aprovecha de manera negativa, a saber: cuando concebidas sensiblemente apartan de
lo nouménico; y aunque no aporten a la ciencia gran cosa, sin embargo
la hacen inmune al contagio del error.
El posterior es el dogmático,
según el cual los principios generales del entendimiento puro —tales
como los exhiben la ontología o la psicología racional— resultan ser
algo ejemplar, a concebir solamente por el entendimiento puro, y medida
común de todas las demás cosas en cuanto a realidad, —lo que es la Perfección
noúmena.
Esta lo es o en sentido teórico o práctico. Consideramos algo
teóricamente en cuanto no atendemos sino a lo que conviene a un ente;
mas prácticamente, si remiramos lo que debería tener por obra de la
libertad. En el primero está el ser sumo, Dios;
en el posterior, la Perfección
moral. Así que la filosofía
moral, en cuanto proporciona los principios
primeros de enjuiciar,
no es conocida sino por el entendimiento puro, y pertenece a la filosofía
pura; y quien, como Epicuro, extendió sus criterios al sentido de placer
y tedio, es justísimamente reprendido, junto con algunos de los modernos
que de lejos y de alguna manera le han seguido, cual Shaffesbury y secuaces.
Ahora bien: en cualquier género de cosas cuya cantidad sea variable,
lo máximo es medida común
y principio de conocer. Lo máximo
en perfección se llama, hoy en día, "ideal"; para Platón, "idea" (cual la idea de la República misma); y es principio
de todo lo contenido bajo cualquiera noción de general de perfección,
en cuanto se crea que los grados menores no puedan ser determinados
sino limitando "lo máximo".
Empero Dios, por ser, en cuanto ideal de perfección, principio de conocer; en cuanto
real mente existente es, a la vez, principio de hacimiento de toda perfección
absolutamente. § 10
No hay en el hombre intuito
de lo intelectual, sino tan sólo se da conocimiento
simbólico. Nos es posible la intelección únicamente mediante conceptos
universales en abstracto, mas no por un concepto singular en concreto.
Ya que todo nuestro intuito está, en principio, restringido por una
cierta forma, únicamente bajo la cual la mente puede aprehender
algo de manera inmediata, es decir: algo en cuanto singular, y no sólo concebirlo discursivamente mediante conceptos
generales.
Empero tal principio formal de nuestro intuito (espacio y tiempo)
es condición bajo la cual algo puede llegar a ser objeto de nuestros
sentidos; y por ello: por ser condición de conocimiento sensitivo, no
es medio para un intuito intelectual.
Además: toda la materia de nuestro conocimiento no nos es dada
sino por los sentidos; pero el noúmeno,
en cuanto tal, no ha de ser concebido mediante representaciones
sacadas de las sensaciones; y por
ello el concepto inteligible,
en cuanto tal, está privado de todos los datos
del intuito humano; ya que el intuito
de nuestra mente es siempre pasivo y por ello, es solamente posible
en la medida en que algo pueda afectar a nuestros sentidos. Empero el
intuito divino, que es principio
de los objetos, —y no algo principiado, por ser independiente— es un
arquetipo, y, por esto, algo perfectamente intelectual.
§ 11
§ 12
Todo lo que como objeto se refiere a nuestros sentidos, es fenómeno;
mas lo que no toque a los sentidos, pero tenga tan sólo la forma peculiar
de la sensibilidad, pertenece al intuito puro (esto es: vacío de sensaciones, pero no por ello intelectual).
Los fenómenos se recuentan y
exponen, primero los del sentido externo, en Física;
después los del sentido interno, en Psicología
empírica. Mas el intuito puro (humano) no es
concepto universal o lógico bajo
el cual, sino singular, en que
se piensan cualesquiera
cosas sensibles; y por
ello contiene los conceptos de espacio y tiempo, que, por no determinar
nada de sensible en cuanto a cualidad,
no son objetos de ciencia sino en cuanto a cantidad.
De aquí viene el que la Matemática
pura considere el espacio
en Geometría; el tiempo,
en Mecánica pura. Añádese a éstos un cierto
concepto —en sí y de suyo intelectual; aunque su actuación en concreto
exija la ayuda
de las nociones de espacio y tiempo (añadiendo sucesivamente muchas
cosas y yuxtaponiéndolas)— que es el
concepto de número,
del que trata la
Aritmética. Así que
la matemática pura, por exponer la forma de todo nuestro conocimiento
sensible, es órgano de
cualquier conocimiento intuitivo y distinto. Y porque
sus objetos mismos son no tan sólo principios formales de todo. intuito, sino lo
son, ellos mismos,
de intuito
originario, proporcionan
un conocimiento verdaderísimo, a la vez que ejemplar de suma evidencia
en otros casos.
Se da, por tanto, ciencia
de lo sensible, aunque, por ser fenómenos, no se dé de ellos intelección
real, sino solamente lógica; por esto queda patente en qué sentido,
sacado de la escuela eleática, ha de juzgarse
el negar haya ciencia de los fenómenos.
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