Disertaciones Latinas de Kant

Traducción:Juan David García Bacca

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SECCIÓN TERCERA

 

DE LOS PRINCIPIOS DE LA FORMA

DEL MUNDO SENSIBLE

§  13

 

      Principio de la forma de universo es el que contenga un nexo universal por el que todas las sustancias y sus estados pertenezcan a ese mismo Todo que se llama Mundo. Principio de la forma de mundo sensible es el que contenga la razón de nexo universal de 'todas las cosas en cuanto fenómenos. La forma de mundo inteligible reconoce un principio objetivo, esto es: una causa por la cual se reunifique en ella todo lo que existe.

 

      Empero Mundo, considerado como fenómeno, esto es: referido a la sensibilidad de la mente humana, no reconoce otro .principio de forma, sino uno subjetivo, esto es:  una cierta luz del ánima por la que sea necesario el que todas las cosas que pueden ser objetos de los sentidos (por sus cualidades) se vea pertenecer necesariamente al  mismo  Todo.  Así  que  sea  cual  fuere,  en definitiva, el principio de forma del Mundo sensible, no abarca sino las cosas actuales, en cuanto se cree puedan caer bajo los sentidos; y por ello, no las sustancias inmateriales que, en cuanto tales, quedan excluidas, por definición y enteramente, de los sentidos externos; ni la causa del Mundo que, por ser causa de que la mente misma exista y  tenga  algunos  sentidos, no puede ser objeto de los sentidos.

 

      Estos son los principios formales, absolutamente primeros, del universo fenoménico, católicos y cual esquemas y condiciones además de todo lo sensible en el conocimiento humano; inmediatamente demostraré que son un par.

                      §  14

 

                   Del tiempo

      1. La idea de tiempo no proviene de, sino  la suponen, los sentidos. Que las cosas que incursionen en los sentidos sean a la vez, o posteriores unas a otras, no puede- ser representado sino por la  idea  de  tiempo,  ni la sucesión engendra el  concepto de tiempo sino lo provoca. Luego a la noción de tiempo, por adquirida mediante la  experiencia, se la define pésimamente por "serie  de cosas actuales existentes unas después de  otras";  porque  no  entiendo  qué  signifique  la  palabrita después de sino por virtud del previo  concepto de tiempo, ya que son unas después de oirás las cosas que existen en tiempos diversos, al modo que son simultáneamente las que existen en el mismo tiempo.

 

      2. La idea de tiempo es singular; no, general, pues un tiempo determinado no se lo concibe así sino como parte de uno y el mismo tiempo

inmenso.  Si piensas en dos años, no puedes representártelos sino en una colocación determinada del uno respecto del otro; y, si no están seguidos inmediatamente, representárselos unidos entre    por  un  tiempo  intermedio. Cuál de tiempos diversos sea anterior, cuál posterior, no puede ser definido de ninguna manera por algunas notas conceptibles por el intelecto, a no ser que quieras incurrir en un círculo vicioso; la mente no lo discierne, sino por un intuito singular.

 

      Además: concíbese todo lo actual como puesto en el tiempo; no, como contenido bajo su noción general, cual nota común.

 

      3. Así que  la idea de tiempo es intuito; y puesto  que  se  la  concibe  antes de cualquier sensación —cual condición de relaciones obvias en lo sensible— es intuito no sensible, sino puro.

 

      4. El  tiempo es magnitud continua: y principio de las leyes del continuo en las mutaciones del universo; porque el continuo es magnitud que no consta de simples. Empero porque mediante el tiempo no se piensa sino relaciones, aunque no se dan unas relacionadas entre sí unas con otras, en

el tiempo, en cuanto magnitud, hay una composición que, si se la concibe eliminada, nada de él queda. Mas un compuesto del que, eliminada toda composición nada en absoluto queda, no consta de partes simples. Luego, etc.

 

      Así que toda parte del tiempo es tiempo y lo  que  en  el tiempo  es  simple,  a saber:  los momentos, no son partes suyas, sino términos entre los cuales yace tiempo, porque, dados dos momentos, no se da tiempo sino por cuanto en ellos se suceden cosas actuales; por tanto, además del momento dado, es necesario se dé tiempo en cuya parte posterior esté el otro momento.

 

      Empero la ley metafísica de la continuidad es ésta: todas las mutaciones son continuas, esto es:- fluyen, o sea:  no  se suceden unos a otros los estados opuestos, sino mediante una serie intermedia de estados diversos. Porque, pues, dos estados opuestos se hallan en diversos momentos de tiempo, mas entre dos momentos hay siempre,  intercalado, algún tiempo, en cuya serie infinita de momentos la sustancia no está ni en uno de los estados ni en el otro y, sin embargo, tampoco en ninguno, estará ella en diversos; y así, por cierto al infinito. El célebre Kautner, al someter a examen esta ley de Leibniz, provoca a sus defensores  a  que demuestren:  que  es  imposible  el movimiento continuo de un punto a lo largo de todos los lados de un triángulo, lo que, por cierto,  concedida  la  ley  de  la continuidad, es necesario probar. He aquí, pues, la demostración exigida: Denotan las letras a b c los tres puntos angulares de un triángulo rectilíneo. Si un móvil marcha con movimiento continuo por las líneas ab, be, ca, esto es: por el perímetro entero de la las  leyes  según  la  medida  de  tiempo  sino  el  tiempo mismo en cuanto a su naturaleza que  exige ser determinado por lo observado en el movimiento o en cualquier serie de mutaciones,  —con lo cual queda abolida llanamente toda  certeza de reglas. Mas el que no podamos calcular  la antidad  de  tiempo,  sino  en  un  concreto, a saber: en  el movimiento  o  en  una  serie  de pensamientos, proviene precisamente de que el  concepto de tiempo se asienta solamente en una ley interna de la mente, y no es un cierto intuito connatural tanto que tal acto del alma no se ponga sino al coordinar el alma lo sentido con ayuda de los sentidos. Falta tanto para que alguien deduzca y explique el concepto de tiempo, aun con ayuda de la razón, que, más bien, lo presupone el principio mismo de contradicción y se  lo pone de base y en oficio  de  condición; porque A y no A no repugnan, sino simultáneamente (esto es: al mismo tiempo) y pensadas de lo  mismo;  mas  después  (en  diversos  tiempos) pueden convenir al mismo. Así que la posibilidad de mutaciones no es pensable sino en el tiempo; ni el tiempo es pensable por las mutaciones, sino al revés.

 

 

      6. Aunque, pues, el tiempo, puesto en sí y absolutamente, sea un ente imaginario; no obstante por pertenecer a una ley inmutable de las cosas sensibles en cuanto tales, es un concepto verísimo y condición de representación infinita, patente al infinito  para  todos los  objetos posibles de los sentidos. Pero no siendo posibles las cosas simuldeterminar en el tiempo, o en el mismo punto de él o en diversos.

 

      Quienes  afirman la realidad  objetiva de tiempo lo conciben o como un cierto flujo de existencia continua, aun sin que exista cosa alguna (figmento absurdísimo) —así sobre todo algunos filósofos ingleses—, o bien como algo real abstraído de la sucesión de estados internos, —así lo  establecen  Leibniz y sus seguidores. Mas la falsedad de esta posterior sentencia, por delatar ella  misma esplendorosamente  un  obvio círculo vicioso  en la  definición  de  tiempo, y además descuidar llanamente la simultaneidad,* máximo acompañante del tiempo, trastorna de tal modo todo uso de la sana razón, que perturba no tanto las  leyes  según  la  medida  de  tiempo  sino  el  tiempo mismo en cuanto a su naturaleza que  exige ser determinado por lo observado en el  movimiento o en cualquier serie de mutaciones,  —con lo cual queda abolida llanamente toda  certeza de reglas. Mas el que no podamos calcular  la  cantidad  de  tiempo,  sino  en  un  concreto, a saber: en  el movimiento  o  en  una  serie  de pensamientos, proviene precisamente de que el  concepto de tiempo se asienta solamente en una ley interna de la mente, y no es un cierto intuito connatural tanto que tal acto del alma no se ponga sino al coordinar el alma lo sentido con ayuda de los sentidos. Falta tanto para que alguien deduzca y explique el concepto de tiempo, aun con ayuda de la razón, que, más bien, lo presupone el principio mismo de contradicción y se  lo pone de base y en oficio  de  condición; porque A y no A no repugnan, sino simultáneamente (esto es: al mismo tiempo) y pensadas de lo  mismo;  mas  después  (en  diversos  tiempos) pueden convenir al mismo. Así que la posibilidad de mutaciones no es pensable sino en el tiempo; ni el tiempo es pensable por las mutaciones, sino al revés.

 

*     Las cosas simultáneas no son tales precisamente porque no se suceden. Porque, eliminada la sucesión, se quita ciertamente esa especie de unión que  provenía de la serie temporal; pero no por ello surge inmediatamente otra verdadera relación, cual lo es esa de unión de todas en el mismo momento.  Pues precisamente las cosas simultáneas se unen en el  mismo  momento  de  tiempo,  al  igual  que  las sucesivas  en  diversos.  Y  por  tanto,  aunque el  tiempo sea de una sola dimensión, sin embargo la  ubiquidad del tiempo (para hablar según Newton)   —por la cual todas las cosas sensibles pensables están siendo en alguna vez— les añade, en cuanto    actuales, otra dimensión, por depender de alguna  manera del mismo punto de tiempo; porque si representas al tiempo por una línea recta prolongada al  infinito; y a las cosas simultáneas en cualquier punto del tiempo, por líneas ordenadamente adjuntas, la superficie, así engendrada, representará el mundo fenoménico, tanto en cuanto a  sustancia como en cuanto a accidentes.

      6. Aunque, pues, el tiempo, puesto en sí y absolutamente, sea un ente imaginario; no obstante por pertenecer a una ley inmutable de las cosas sensibles en cuanto tales, es un concepto verísimo y condición de representación infinita, patente al infinito  para  todos los  objetos posibles de los sentidos. Pero no siendo posibles las cosas simultáneas —en  cuanto tales y tal como se hacen  obvias a los sentidos— sino  con la ayuda del  tiempo, y a su vez las mutaciones no resulten  pensables sino por el tiempo, es patente que este  concepto encierra la forma universal de los fenómenos; y por ello todos los sucesos observables en el mundo, todos los movimientos y todas las vicisitudes  internas  concuerdan  necesariamente  con los axiomas del tiempo, tal como han de ser  conocidos, y, en parte, han sido por nosotros expuestos, ya que los objetos de los sentidos no pueden ni ser ni ser coordinados sino bajo estas condiciones.

 

      Es, pues, absurdo querer armar a la razón contra los postulados primarios del tiempo puro, por ejemplo:  la continuidad, etc., ya que se siguen de leyes, respecto de las cuales no hay nada anterior, nada de más antiguo; y la razón misma no puede prescindir en el uso del principio de contradicción de la ayuda de este concepto;  ¡tan primitivo y originario es!

   

  7. Así que  es el tiempo principio formal absolutamente primario del mundo sensible, porque cualesquiera cosas sensibles no pueden ser pensadas sino o simultáneamente o puestas unas después de otras; y por tanto como envueltas por un solo trazo del único tiempo y relacionadas entre ellas mismas por una posición determinada, tanto así que, por este concepto, surge necesariamente un Todo formal y primario de lo sensible y que no es parte de otra cosa, esto es: el Mundo fenoménico.

 

§  15

Del espacio

      A) El concepto de espacio no es abstraído de las sensaciones externas, porque no puedo concebir que algo esté puesto fuera de mí sino representándomelo cual en un lugar diferente de aquel en que yo mismo estoy; ni a las cosas, representármelas unas fuera de otras, sino colocándolas en diversos lugares del espacio. Así que la posibilidad de percepciones externas, en cuanto tales, presupone  el  concepto  de  espacio; no lo crea;  como  también las cosas que están en el espacio afectan a los sentidos, el espacio mismo no puede ser sacado de los sentidos.

 

      B) El concepto de espacio es una representación singular, que abarca en sí todas las cosas; y no es una noción abstracta y común que las contenga bajo sí; pues lo que se llama muchos espacios no son sino partes del mismo e inmenso espacio, partes ciertamente referidas por su posición unas a otras; ni puedes concebir un pie cúbico sino terminado por todas partes por el espacio ambiente.

 

      C) El concepto de espacio es, pues, intuito  puro, por ser concepto singular, no integrado de  sensaciones; sino forma fundamental de toda sensación externa. Es fácil advertir que este intuito  puro se halla en los axiomas de la geometría y en  cualquiera construcción mental de postulados, y  aun de problemas; pues que no haya en el espacio más de tres dimensiones; que entre dos puntos no  haya sino una sola recta; que dado en una  superficie plana un punto y dada una recta se  pueda describir un círculo, no se puede deducir  de alguna noción universal de espacio, sino se  puede ver, como en concreto, solamente en él.  Qué cosas estén en un espacio dado hacia una  región, cuáles hacia la opuesta, no se puede, con  sutileza alguna de la mente, describir discursiva mente, o sea: reducirlo a notas intelectuales; y por ello, cuando en sólidos perfectamente semejantes e iguales, mas no congruentes —del género de mano derecha e izquierda (concebidas únicamente según extensión) o en triángulos esféricos hechos de dos hemisferios opuestos— se halle una diversidad tal que resulte imposible la coincidencia  de  los  términos  de  la  extensión,  aunque, respecto de todo lo que puede expresarse mediante notas inteligibles para la mente, puedan sustituirse,, es patente que tal diversidad, o sea:  discongruencia, sólo puede notarse en un intuito puro. De aquí que la geometría se sirve no sólo de principios indudables y discursivos, sino de otros  que  caen  bajo  la mirada mental; y la evidencia en las demostraciones (que es la claridad de cierto conocimiento en lo que se asemeja al sensible) es, en ella, no sólo máxima sino aun la única que se da entre las ciencias puras; y es ejemplar y medio de toda evidencia que haya en otras,  porque  por  contemplar la geometría las relaciones espaciales —cuyo concepto incluye en sí  la forma  misma, de  toda intuición sensible— nada de claro y perspicuo puede haber en lo percibido por el sentido externo que no lo sea mediante ese mismo intuito, contemplando lo cual tal ciencia trabaja. Por lo demás, la geometría no demuestra sus proposiciones universales pensando su objeto mediante un concepto universal,  que  es  lo  que  se hace  en  lo  racional,  sino sometiéndolo  a los ojos mediante un intuito singular, que es lo que se hace en lo sensible.*

 

      D) El espacio no es algo objetivo y real; ni sustancia ni accidente ni relación; sino algo objetivo e ideal, y proveniente de la naturaleza de la mente según ley estable, cual esquema para coordinar para sí absolutamente todo lo externamente sensible. Quienes defienden la realidad del espacio o lo conciben cual receptáculo absoluto e inmenso de cosas posibles —sentencia que, siguiendo a los  ingleses, place a muchísimos geómetras— o sostienen que es la relación misma entre las cosas existentes, que, quitadas las cosas, se desvanece enteramente y sólo es pensable respecto de las actuales, —como, siguiendo a Leibniz, muchísimos de los nuestros lo establecen. En cuanto a aquel primero y vacuo figmento de la razón, por fingir relaciones verdaderamente infinitas, mas sin entes relacionados entre sí por ellas, pertenece al mundo de lo fabuloso.    Empero los que siguen la sentencia posterior caen en un error mucho peor. Porque poniendo objeciones sólo con ciertos conceptos racionales —a saber: pertinentes a lo nouménico, por lo  demás recónditos máximamente al intelecto, vgr. cuestiones sobre  el mundo espiritual,  sobre la omnipotencia, etc., contradicen de frente a los fenómenos mismos y a ese su fidelísimo intérprete  que es la geometría, porque para no hacer notar ya el patente círculo vicioso en que necesariamente se enredan, al definir espacio, después de deponer a la geometría del ápice de la certeza, la meten dentro del  censo  de  aquellas ciencias  cuyos principios son empíricos.

 

*     Que se haya de concebir al espacio cual magnitud continua lo paso por alto, pues es fácil de demostrar.  De  ello  se  sigue  que  en  el espacio  no hay parte simple, sino término. Mas término, en general,  es  en  una  magnitud  continua  lo  que  tenga razón de límite. Un espacio  que  no haga de  término de otro es completo (sólido). Término de un sólido es la superficie; de la superficie, la línea;  de la línea, el punto. Luego son tres los géneros de términos en el espacio, al modo que son tres las dimensiones. De estos términos, dos (superficie y línea) son, ellos mismos, espacio. El concepto de término no entra en ninguna otra magnitud, fuera  de espacio y tiempo.

 

      Porque si todas las afecciones del espacio   provienen únicamente de relaciones externas mediante la experiencia, en los axiomas geométricos  no habrá más universalidad que la comparativa,  cual la que por inducción se adquiere, esto es:  abarcará tanto cuanto la observación. Y no habrá  más necesidad que la de las leyes establecidas de  la naturaleza, ni otra exactitud que la arbitraria mente fijada; y no queda, como pasa en lo  empírico,  más  esperanza  que  la de descubrir  alguna vez un espacio dotado de otras afecciones  primitivas, y tal vez un espacio bilíneo rectilíneo.

 

      E) Aun cuando el concepto de espacio  —como propiedad de algún ente objetivo y real, o  de una afección— sea imaginario; sin embargo,  referido a cualesquiera cosas sensibles, no solamente es verdaderísimo, sino fundamento de toda  verdad en la sensibilidad externa. Porque las cosas  no pueden aparecerse a los sentidos bajo ningún  otro aspecto, sino mediante una facultad del alma  que coordine todas las sensaciones según una ley  estable e ínsita en su naturaleza. Así que, aunque  nada pueda ser dado a los sentidos sino conforme a  los  axiomas  primitivos  de  espacio  y  a  sus  secuelas (bajo los preceptos de la geometría); y aunque el principio de todos ellos sea subjetivo, sin embargo concordará necesariamente con ellos porque mientras concuerde ella consigo misma, también las leyes de la sensibilidad serán leyes de la naturaleza en cuanto pueden caer en el dominio del sentido.

 

      Así que la naturaleza está sometida exactamente a los preceptos de la geometría respecto de todas las afecciones del espacio que- en él se muestren; y esto, no por una ficticia hipótesis, sino por intuitivamente dado cual condición subjetiva para todos los fenómenos por los que pueda hacerse patente la naturaleza a los sentidos. Ciertamente, si el concepto de espacio no estuviera dado originariamente por la naturaleza de la  mente (de modo que quien elaborara por la mente cualesquiera otras relaciones de las prescritas por él, no haría sino jugar a obrar porque se vería forzado a llamar en auxilio de tal figmento suyo en ese mismo concepto), el uso de la geometría en filosofía natural sería poco seguro; pues podría dudarse de si esa misma noción, sacada de la experiencia, concordaría suficientemente con la naturaleza, tal vez después de haber negado las determinaciones de que se la abstrajo, —sospecha que ha venido ya a la mente de algunos.

 

      Así que espacio es principio formal, absolutamente primario, del mundo sensible, ya que  únicamente por tal concepto los objetos del universo pueden ser fenómenos; mas, sobre todo, por  esta razón: que por esencia no es sino único, ya  que abarca íntegramente todo lo sensible externo,  y por ello es principio constitutivo de universalidad, esto es: un Todo que no puede ser parte de  otra cosa.

 

                    COROLARIO

 

       He aquí, pues, dos principios del conocimiento sensible; y no, cual sucede en lo intelectual, conceptos generales; sino intuitos, singulares,  mas puros en los que, no a la manera como  mandan las leyes de la razón, las partes y sobre  todo los simples contienen la razón de la posibilidad del compuesto; sino, a ejemplo de un intuito  sensible, el infinito contiene la razón de parte de  cualquier cosa pensable, y aun de lo simple, a  saber: sobre todo la razón de término.

 

       Porque, solamente dado el infinito en espacio y en tiempo, se puede señalar por limitación   cualquier espacio y tiempo definidos; que tanto punto como momento no pueden de suyo ser  pensados; y no se los concibe sino dentro ya de un espacio y tiempo dados, como términos de ellos.

 

       Luego todas las afecciones primitivas de  estos conceptos caen fuera del cancel de la razón  y por tanto no pueden ser explicados intelectualmente de ningún modo. No obstante son todo  menos sustratos del intelecto que saca conclusiones de los datos intuitivamente primarios, según leyes lógicas, con la máxima certeza posible  De estos dos conceptos, uno de ellos se refiere  propiamente a intuición del objeto; el otro al  estado, ante todo representativo. Y por ello aun  el  espacio  sirve  al  concepto  mismo  de tiempo  cual tipo, representándolo por una línea- y sus términos (los momentos), por puntos. Pero el  tiempo se acerca más a concepto universal y  racional,  abarcando  en  sus  relaciones absoluta mente todo, a saber: al espacio mismo y además a accidentes que no están comprendidos en las relaciones del espacio, cual los pensamientos del alma.

 

      Además: el tiempo no dicta ciertamente a la razón leyes; no obstante establece las condiciones más importantes con cuyo favor la mente  pueda comparar según las leyes de la razón sus nociones.

 

     Asi no puedo juzgar sobre qué es imposible sino predicando A y no-A en el mismo tiempo del mismo sujeto. Y sobre todo si aplicamos el intelecto a la experiencia notaremos que la relación de causa y causado en los objetos externos necesita de las relaciones de espacio ciertamente; mas, en todos, tanto externos como internos la mente no puede aprender nada sin la ayuda relacional del tiempo  acerca de qué sea antes, qué después, a saber: causa y causado. Y aun no es posible hacer inteligible la cantidad del espacio mismo sino, relacionándolo con la unidad cual medida; lo expliquemos con el número que no es él  mismo  otra cosa sino una multitud conocida distintamente por irla numerando, esto es: añadiendo unidad a unidad sucesivamente en un tiempo dado.

 

      Finalmente, a cualquiera le acudirá espontáneamente la cuestión de si ambos conceptos son connatos o adquiridos. Lo posterior parece,  ciertamente, haber quedado refutado. Mas lo primero —por allanar para los perezosos el camino de una  filosofía que declare inválida toda ulterior investigación con sólo citar la causa primera— no debe ser  admitido tan temerariamente. Al revés:  sin duda alguna ambos conceptos son adquiridos, no por abstraídos de los sentidos (ya que la sensación da la materia, mas no la forma del conocimiento humano), sino abstraídos de la acción misma de la mente que esté coordinando sus sensaciones según leyes perpetuas; ambos conceptos son cual tipos inmutables; así que a conocer intuitivamente, porque las sensaciones excitan el  acto de la mente; mas no aportan intuito; ni hay  aquí algo connato más que la luz del alma según  la cual une con certera razón lo sentido por ella a  la presencia del objeto.

 

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