Disertaciones Latinas de Kant

Traducción:Juan David García Bacca

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SECCIÓN CUARTA

 

DEL PRINCIPIO DE LA FORMA

DEL MUNDO INTELIGIBLE

 

§ 16

      Quienes tienen al espacio y tiempo por algo real y absolutamente necesario, cual vínculo de todas las posibles sustancias y estados, no creen se requiera aún concebir algo distinto, ya que, dadas muchas cosas existentes, les conviene ya una cierta relación originaria, a saber: una condición primitiva de las influencias posibles y un principio de la forma esencial del universo.

 

      Porque teniendo que estar, según su sentencia,  necesariamente  en  algún  lugar todo lo que exista, les parece inútil inquirir por qué razón determinada estén ya ahí, ya que eso lo determina, de por sí, la universalidad del espacio que a todas las cosas abarca.

 

      Mas aparte de que este concepto, como se  ha demostrado, pertenece más a las leyes sensitivas del sujeto que a las condiciones de los objetos mismos, aun si le otorgas un máximo de realidad, no indica sino la posibilidad, intuitivamente dada, de coordinación universal; y por esto queda intacta la cuestión, soluble tan sólo por el entendimiento:  en qué principio  se basa esa misma relación de todas las sustancias que, considerada intuitivamente, se llama espacio. En esto precisamente gira el quicio de la cuestión del principio de la forma del mundo inteligible: en hacer patente por qué pacto sea posible el que muchas sustancias se hallen en comercio mutuo; y por tal razón pertenezcan a ese mismo Todo que se llama Mundo.

 

      No consideramos aquí a Mundo en cuanto a la materia, o naturalezas de las sustancias de que consta, —si son materiales o inmateriales—; sino en cuanto a la forma, esto es, qué nexo haya, en general, entre muchas y entre todas la totalidad.

 

 

 

§ 17

      Dadas muchas' sustancias, el principio del  comercio, posible entre ellas, no consta por su  sola existencia; se requiere además algo diverso  que haga inteligibles sus mutuas relaciones. Porque, por su misma subsistencia, no dicen necesariamente relación a otro alguno, sino a lo más a  su causa. Empero la relación dé causado a causa  no es comercio, sino dependencia. Por tanto si  hay algún comercio de unas con otras, hará falta  una peculiar razón que lo determine.

 

       Y en esto consiste precisamente el   del influjo  físico,  según su sentido vulgar:  en que asume temerariamente que tanto el comercio entre sustancias como las fuerzas transitivas  resultan perfectamente cognoscibles por su sola  existencia; y por esto no es sistema alguno, sino  mas bien abandono de todo sistema filosófico,  —por superfluo, según tal argumento.

 

       Si libramos a este concepto de tal manera  tendremos un género de comercio que merece él  únicamente, llamarse real y por el que el Todo de

            Mundo merece llamarse real, y no ideal o imaginario.

 

§  18

      Es imposible un Todo hecho de sustancias  necesarias.  Porque cada cosa está más que suficientemente provista con su propia existencia sin dependencia alguna de otra cualquiera, -lo que no va bien con algo necesario; está, pues, patente que no solo el comercio de las sustancias (esto es: la dependencia recíproca de  sus estados) no se sigue de su existencia, sino que de ninguna manera puede competirles, por ser necesarias.

 

§  19

      Así que el Todo de las sustancias es un Todo contingente; y el mundo consta, por su esencia, de meras cosas contingentes.

 

      Además: ninguna sustancia necesaria está conexa con el mundo sino como causa con lo   causado; y por tanto no como parte con sus complementos para un Todo (porque el nexo de  compartes es el de mutua dependencia, lo que no  conviene a ente necesario). Así que la causa de   Mundo es un ente extramundano, y por ello no   es alma del mundo, ni su presencia en el mundo  es presencia local, sino virtual.

 

§ 20

       Las sustancias son entes procedentes de  otro; pero no, de diversos; sino todos ellos  de  uno Pues pon que estén causadas por muchos  entes necesarios; no habría comercio entre efectos  cuyas causas fueran ajenas a toda relación mutua  Luego a unidad- en la conjunción de las sustancias del universo es una consecuencia de la dependencia de todas de uno.

 

      De aquí que la forma del universo dé  testimonio de la causa de la materia, y solamente  una causa única del universo es causa de la universalidad, ni hay arquitecto del mundo que no sea, a la vez, creador.

                   

§ 21

 

      Si hubiera muchas causas primeras y necesarias respecto de sus causados, sus productos serían del mundo, mas no serían Mundo, porque en modo alguno se concretarían para dar el mismo Todo. Y viceversa: si hay muchos mundos, actuales, fuera unos de otros, se darán muchas causas primeras y necesarias, mas de manera que no estén en comercio alguno ni un mundo con otro ni la causa de uno, con el mundo causado por otro.

 

      El que haya, pues, muchos mundos actuales unos fuera de otros no es imposible por su mismo concepto (como pensó Wolff que bastaba con la noción de conjunto o sea de multitud para concebir a un Todo en cuanto tal; y concluyó mal), sino solamente bajo la condición de que exista únicamente una causa necesaria de todo. Mas si se admiten muchos, habrá muchos mundos, posibles y unos fuera de otros, en sentido metafísico estrictísimo.

 

                      § 22

      Si, a la manera como vale la consecuencia de un mundo dado a una única causa de todas las partes del mismo, así también viceversa valiera la de una causa dada común a todos, al nexo de ellos entre sí, y, por tanto, a la forma de mundo, procedería parecidamente la argumentación (aunque confieso que para mí tal conclusión no me es igualmente perspicua) de que el nexo primitivo de las sustancias no sería contingente, sino necesario, por estar sustentadas todas por un principio común; y por ello la armonía que proviene de la subsistencia misma de ellas, fundada en la causa común, procedería según reglas comunes.

 

      Mas a tal armonía llamo establecida generalmente, cuando la que se realiza únicamente por adaptarse cualquier estado de una sustancia individual al estado de otra es armonía establecida singularmente; y el comercio que de la primera  procede es real y físico, el que de la posterior idea  simpatético.  Así que el comercio  íntegro  de las sustancias del universo está establecido  externamente (por la causa común de todas) o bien  esta establecido generalmente por influjo físico (enmendado) o individualmente por conciliación de sus estados.

 

Mas el comercio posterior: o fundado originalmente en la constitución primaria de cada sustancia o impreso con ocasión de cualquier mutación, se llama, de ello, el primero, armonía preestablecida; estotro, ocasionalismo. Todo ideal. Para mi, ciertamente  lo Primero aunque no esté demostrado, queda más que suficientemente probado para otras razones.

 

                  ESCOLIO

 

.           Si fuera lícito avanzar un paso un poco más allá de los limites de la certeza apodíctica –que es la decorosa para la metafísica- valdría la pena  de indagar no solamente lo perteneciente a las  leyes de la intuición sensible, sino también a las  causas.  A  saber  que  la mente  humana  no  es  afectada por lo externo, y el mundo no está  patente al infinito a su mirada, sino en la medida  en que ella misma, junto con todas las demás  sustancias, está sustentada por la fuerza infinita  misma de Uno.

 

      De aquí que no sienta lo externo sino por  la presencia de la misma causa sustentadora común; y por ello el espacio que es condición  universal y necesaria de la copresencia de todas las cosas sensiblemente conocidas, pueda llamarse omnipresencia fenómeno. (Pues la causa del universo no está presente en todos y cada uno por estar,  precisamente,  en sus lugares. Mas hay lugares —esto es: relaciones posibles entre sustancias— porque está ella presente íntimamente en todo).

 

      Pues bien: porque la posibilidad de todas las mutaciones y sucesiones —cuyo principio, en cuanto sensiblemente conocido, reside en el concepto de tiempo— supone la perdurabilidad del sujeto, cuyos estados se suceden, mas aquello de que los estados fluyen no dura si no es sustentado por otro: por la eternidad fenómeno, es ella la causa general del concepto de tiempo en cuanto único,  infinito e inmutable,* en que todas las cosas son y duran.

  

 

      Pero parece más prudente quedarse en la playa de los conocimientos que la mediocridad de nuestro entendimiento nos concede, más bien quedejarse arrastrar a lo profundo de tales indagaciones místicas como lo hizo Malebranche cuya sentencia:  que nosotros intuimos todo en Dios dista Justamente de la sentencia aquí expuesta.

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  Los momentos del tiempo no parece se suceden porque, en este caso, habría que presuponer otro tiempo respecto de la sucesión de los momentos mas por virtud del intuito sensible parece cual si descendieran las cosas actuales a través defina serie continua de momentos

 

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