Prologo del Libro.

Objetivos y métodos del conocimiento físico de Hans Reichenbach

   Esta colección de "textos clásicos de historia de las ciencias" se abre con la de un contemporáneo.

  

   La excepción, hecha y exhibida precisamente en él primer volumen, responde a dos motivos básicos.

  

   Primero: la historia de las ciencias no es como una suma cuyos sumandos nos vayan siendo dados a lo largo del tiempo, de modo que la historia resulte algo así cual máquina de sumar, que, sin modificar los sumandos, vaya juntándolos unos con otros, dándonos en cada momento la suma total del conocimiento científico.

  

   La historia de las ciencias es una evolución progresiva cuyos miembros primitivos y siguientes no pueden unirse sin más alteraciones con los posteriores;  tienen que  sufrir,  por  el contrario,  una transformación de "sentido" que los modele, amplíe y retoque.  Es lo que se ha llamado "cambio de teorías".

  

   Y teoría y teatro —dos palabras y una raíz— son, respectivamente, "lugar propio de espectáculos" y "el espectáculo mismo". La evolución de las ciencias se ha realizado, a lo largo de los tiempos, como cambios de teorías en diversos teatros o escenarios.

 

   Ahora, por ejemplo, los matemáticos nos dan las teorías físicas en "teatro matemático"; y el escenario simbólico de la "lógica matemática" es el teatro o lugar donde, con especiales vestidos y gestos, se exhibirán los "teoremas matemáticos", que antes se presentaban en escenario intuitivo, en teatro eidético.

  

   La historia de las ciencias físicas ha cambiado, incomparablemente más que las matemáticas, de teatro y tipos de escenario.

  

   La obra de Reichenbach, que en este primer volumen ofrecemos a los lectores, nos presenta el tipo de escenario y de teatro en que, modernamente, se dan esas exhibiciones ideales que llamamos teorías físicas modernas. Y después de haber presenciado en tal tipo de teatro el correspondiente espectáculo moderno o teorías modernas de la física, resultará factible, por contraposición, darse cuenta, a lo largo de los -volúmenes dedicados a Galileo, Kepler, Newton, Descartes, Pascal... de los tipos de teatro y de los correspondientes tipos de espectáculos o teorías en que exhibieron nuestros antecesores sus ideas sobre el mundo.

  

   La obra de Reichenbach, sirve, por tanto, de tipo de comparación, de hito para apreciar los diversos estadios en la evolución de las teorías físicas.

Y permitirá, así lo creo, que los lectores conscientes se pregunten de continuo: ¿de qué depende que las ciencias -físicas precisamente cambien tanto de teorías y de teatros?

  

   Desvelar la conciencia histórica es uno de los objetivos de la presente colección.

  

   Segundo: al presentar en primer lugar y en el primer volumen esta obra de Reichenbach —uno de los filósofos de las ciencias más documentados y conscientes—, hemos pretendido evitar la tentación o tendencia, tan común entre los filósofos, a vivir centrados y asentados en el pasado, en ciertas épocas del pasado.

  

   Y la tentación de poner sus reales en Galileo, en Euclides, en Aristóteles, en Leíbniz... pudiera acrecentarse peligrosamente al tomar contacto con las obras originales, escritas todas ellas en un estilo conmovedoramente humano, de seguridad confirmante, de certeza vital, al parecer inmutable y eterna.  El contagio de estas cualidades pudiera resultar fatal para la -filosofía y las ciencias.  Al presentar en este -volumen el estado actual de la ciencia, tan alejado de los anteriores estadios, intentamos prevenir, delicadamente, respetuosamente, contra este peligro a los lectores.

  

   Andan todavía por ahí, y con difusión creciente por desgracia, libros de filosofía natural o cosmología para los que todavía no han venido al mundo ni Galileo ni Newton; y para los que, a juzgar por el escenario histórico en que se han asentado y por las teorías que en él representan, tardarán aún muchos siglos en venir Einstein y Broglie.

  

   Sólo faltaría que la lectura inmediata y la impresión directa de trozos de Platón, de Aristóteles, de  Euclides, de Zenón o de Proclo... contribuyeran a arraigar a ciertos filósofos en sus tendencias y predilecciones retrógradas.

  

   El volumen de Reichenbach, tan anclado en el presente de la ciencia, en sus problemas y teorías, intenta descargar a esta colección histórica de la responsabilidad peligrosa de formar mentalidades prehistóricas.

  

   Pero, por otra parte, complementaria de la anterior, pretende esta colección desvelar en los científicos la conciencia histórica.  Lo peor que puede acontecer a una ciencia es que sus cultivadores lleguen a persuadirse de que llena las condiciones de "no-contradicción, independencia, suficiencia y definibilidad absolutas", pues, por tal y tan brillante hecho, queda cerrada la puerta a todo progreso "inventivo" y abierta solamente a todo progreso "deductivo".

  

   La historia, al descubrirnos la provisión multiforme y sorprendente de "inventiva" que han derrochado en cada época nueva los grandes genios científicos para salirse del tipo tradicional de ciencia que presentaba ya los caracteres de "unidad perfecta, inmutabilidad y verdad definitiva" —caracteres de ideales fósiles—, nos advierte que, cuanto  más  aspectos  de  definitivamente  perfectas tengan nuestras ciencias, tanto más obstáculos ponemos a su progreso y tantas más trabas para el poder creador de las épocas siguientes.

  

   Sólo pueden creer en la propiedad de "definitivamente perfecta" de una ciencia los que creen hallarse ya en "la edad postrema del mundo"; lo cual suele provenir de ordinario de creerse —de buena o mala gana, explícita o implícitamente—en "la última edad de su vida".

  

   La historia de las ciencias y la incardinación del estadio presente de las ciencias a su pasado y a su "futuro" son faenas y actitudes vitales características de quien está persuadido, humilde y generosamente, que el mundo no ha comenzado con él ni terminará tampoco con él.

 

                   JUAN DAVID GARCÍA BACCA

México, a 2 de febrero de 1943.